Columna


Monseñor Biffi y Madre Bernarda

PADRE RAFAEL CASTILLO TORRES

01 de agosto de 2020 11:53 PM

Justamente hoy, 2 de agosto, se cumplen 125 años de la llegada de la Madre Bernarda a la ciudad de Cartagena donde fue acogida por monseñor Biffi, obispo de la Diócesis, y quien la había invitado a servir en su Iglesia con los pobres y en la educación. Esta llegada y encuentro, obra de la Providencia Divina que va a marcar uno de los hitos más importantes de nuestra historia eclesial, lo recuerda una placa conmemorativa, en la Puerta del Reloj Público, lugar por donde ella entró con sus 14 cohermanas que venían huyendo de la persecución del presidente Alfaro en el Ecuador.

El encuentro misionero de Monseñor Biffi y Madre Bernarda tiene dos connotaciones. La primera es que tal vez él, como nadie, había sido un misionero perseguido, retenido, encarcelado y confinado durante su primer período en Cartagena. Él había hecho una apuesta valerosa por una vida austera, por un compromiso con los pobres y tenía muy claro que sólo se sirve a Dios si se sirve al prójimo... por eso no fue tratado como persona “normal”, simplemente porque molestaba al régimen. Igualmente, Bernarda, allá en el Ecuador, tenía claro que vivir los criterios del evangelio en un mundo que se rige por los opuestos, tiene su precio... y ella decidió pagarlo.

La segunda connotación es el carácter que, para estas dos almas, misioneras y discípulas del único Maestro, tuvo la virtud cristiana de la acogida. Una acogida amable y delicada fue el primer acto de espiritualidad y pastoreo de monseñor Biffi hacia las hermanas. Tal vez aún en su memoria estaba el recuerdo de cómo él mismo fue acogido por los padres Jesuitas en Jamaica cuando se escapó de su confinamiento. Biffi tenía presente que no podemos aconsejar ni acompañar si primero no acogemos humana y fraternalmente. Si no hay acogida se descarta la eficacia del pastoreo. Cartagena, Belice y Birmania dan su testimonio.

No creo equivocarme si digo que en este gesto de valentía frente a la persecución y de amor en la acogida, estuvo la experiencia fundante de lo que más tarde va a ser una de nuestras mayores gestas misioneras realizadas por dos santos que pisaron nuestras tierras y recorrieron las mismas calles que nosotros hoy andamos.

Un lugar emblemático para ambos fue la Obra Pía a finales del siglo XIX y durante el episcopado de monseñor Brioschi, en la calle de la Media Luna, donde los pobres y enfermos, como en la Casa de Cafarnaúm, “se agolpaban a la puerta” con la certeza de que detrás de esa puerta estaba Jesús.

Hoy, pasados 125 años, debemos redescubrir a Jesús curando la vida y aliviando el sufrimiento. El dolor que había en Cartagena era el mismo dolor de la Galilea en tiempos de Jesús. Madre Bernarda y Monseñor Biffi lo tuvieron presente. Actitudes muy necesarias en estos días de tanto sufrimiento.

*Vicario de Pastoral de la Arquidiócesis de Cartagena.

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