Columna


Moralizar las drogas

PABLO ABITBOL

14 de abril de 2023 12:00 AM

Venimos sufriendo desde hace décadas una terrible tragedia. La prohibición y la guerra contra las drogas han producido la emergencia de vastos mercados ilegales que, por cuenta precisamente de los riesgos generados por dicha persecución, generan enormes ganancias, corrupción y violencia. Cada narcotraficante que cae abatido o apresado por las autoridades es inmediatamente reemplazado por otro; lo mismo ocurre con cada laboratorio que arde en llamas, cada cultivo fumigado, cada bien incautado.

Y al compás en el que van surgiendo y cayendo capos, a medida que las organizaciones criminales van mutando, miles de jóvenes son asesinados, los territorios en los que viven las comunidades más vulnerables se convierten en zonas de control y disputa por parte de mafias armadas, y el Estado desfallece capturado.

La tragedia, sin embargo, no termina allí. Paralelamente, los consumidores de drogas se ven asediados con productos cada vez más nocivos y adictivos que responden a la misma lógica de la prohibición y la persecución: a mayor potencia de las sustancias, menor el costo de distribución y más ganancias para el narcotráfico y su insidiosa red de corrupción pública y privada.

Entonces, si tanto la violencia criminal como la adicción y la muerte se derivan principalmente de la prohibición y la persecución, ¿por qué se insiste en imponer la guerra contra las drogas? Las razones son múltiples, básicamente políticas, y se remontan a una historia larga y compleja que incorpora racismo, clasismo, colonialismo y control de las economías de la violencia. Pero la justificación siempre ha sido la supuesta inmoralidad de las drogas: se asume y se promueve la idea de que usar drogas es inmoral.

Sin embargo, las drogas siempre han sido (y serán) un elemento esencial en la evolución cultural de la humanidad. Nuestros ancestros las cultivaron y las consumieron en el marco de rituales, gozo y espiritualidad natural. Usar drogas, si bien puede ser nocivo (como el uso de cualquier otro producto del consumo humano), no tiene nada de malo, por el contrario, lo inmoral es precisamente su prohibición y las violencias que se derivan de ella.

Para avanzar con mayor decisión hacia la superación de nuestras tragedias, tenemos que atrevernos a generar una amplia y profunda deliberación ciudadana sobre las razones que fundamentan las políticas públicas en torno a las drogas y, con toda seguridad, crear mercados legales y políticas públicas más justas, sensibles y racionales, que garanticen productos mucho menos dañinos y adictivos. Ello exige necesariamente superar en primera instancia la estigmatización moral de las drogas.

Las opiniones aquí expresadas no comprometen a la UTB ni a sus directivos.

*Profesor del Programa de Ciencia Política y RR. II., UTB.

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