Columna


Museo afro

GABRIEL RODRÍGUEZ OSORIO

05 de julio de 2021 12:00 AM

Como es posible que no exista en Cartagena un museo afro dedicado al recuerdo de esa etnia y que hoy es mayoritariamente su población de origen. En mi visita a la siempre única ciudad de New Orleans, mi querido amigo el doctor Bill Bertrand, epidemiólogo, especialista en Salud Pública de la Universidad de Tulane y vicerrector de esta, quien vivió cuatro años en África combatiendo toda clase epidemias, por el amor que le profesa a esa raza ha acopiado más de dos mil obras de arte y objetos que tienen que ver con sus culturas, y que gentil y espontáneamente ha donado para Cartagena (Bill también es colombianista) para la creación de un museo. Unas doscientas piezas absolutamente interesantes.

Cuando por vía internet se las mostré al gobernador Vicente Blel, quedó totalmente fascinado y quedamos prestos para la creación de dicho museo, posiblemente –creo yo– en un espacio del Palacio de la Proclamación, hoy convertido en un templo para la cultura.

New Orleans y Cartagena comparten una historia común –estamos también tratando de hermanar a las dos ciudades–, ambas fueron un mercado de esclavos, que junto con la extinción del pueblo judío por parte del nazismo es uno de los actos más vergonzosos de la historia de la humanidad.

New Orleans por doquier hace recuerdo de ese ignominioso suceso, como una manera de sanar la herida que dejó tanta crueldad. La Plantación Whitney, fundada por Ambroise Heidel tras emigrar de Alemania en 1721, quien se enriqueció con el añil, y posteriormente su hijo la dedica al cultivo del azúcar y arroz, es testigo de eso. Después la plantación la compró un neoyorkino, quien la llama Whitney, y que finalmente la vende a John Cummings, un inversionista de bienes raíces y abogado de Nueva Orleans, que ha defendido casos de derechos civiles, quien contrata al historiador senegalés, doctor Ibrahima Seck, para el desarrollo del museo. Ibrahima dijo en 1989 en su primera visita a EE. UU., cuando oyó cantar ‘Blue’ al mississipeño James ‘Son’ Thomas, que lo que oía le era tan familiar, que se sentía en Senegal.

La plantación está ubicada en Louisiana, en lo que se llama la costa alemana del Mississippi. En la visita al museo, testimonio de ese recuerdo, se hace una exploración por la cruel historia vivida por ese pueblo, generalmente de origen africano-occidental, quienes arribaron con su música, alimentos y costumbres. El recorrido muestra cómo llegaron, quiénes llegaron, cómo vivían, qué comían, en una muestra museográfica que saca lágrimas, y entonces se pregunta uno: ¿Cómo fue posible tanta crueldad?

Dice Wikipedia que hasta la fecha, Whitney es el único museo dedicado a la esclavitud en Estados Unidos, y a pesar de que su realización ha llevado más de una década, de alguna manera su apertura es lo más oportuna, en un momento en que el país se debate de nuevo con sus antiguos demonios raciales.

*Arquitecto.

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