Navidad

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Esta generación disfruta de una rica producción musical. Escuchar canciones decembrinas nos llena de gozo el alma Caribe, cada palabra se incrusta en el corazón y repasamos sin pausa los días del año que termina. En Navidad se abre el telón, la música es vibrante, las letras aún más fascinantes. La voz de Rafael Orozco (f) una de las más escuchadas en emisoras y festejos evidencia la alegría o tristeza de la gente, la buena o mala situación. Como Rafael lo dice: “Hay navidades tristes y navidades alegres”. La música antecede al arbolito y al pesebre y hay quienes se conforman con ella, no tienen más aguinaldo que este y gracias a las emisoras y a la voz de un locutor emocionado que repite una y otra vez: “Ojo, que se está acabando el año”.

Siendo niño recuerdo el contraste en el barrio Manga al amanecer del 25. En bicicletas nuevas corrían por las avenidas Miramar, la Jiménez y la Real los hijos de los más pudientes mientras por otras calles cercanas unos niños descalzos entre los charcos jugaban a los vaqueros en caballitos de palo y con carritos de madera hechos ingeniosamente con pedazos de estibas del antiguo Terminal Marítimo y ruedas de tapitas de Kola Román. Los niños íbamos a la iglesia y en el pesebre preguntábamos al creador por qué repartía tan mal los regalos. Una discusión de niños durante la Navidad previo al 24 era un acto de reflexión. Como una marcha pacífica íbamos de esquina a esquina, podíamos discutir y pelear pero al instante nos abrazábamos y jugábamos felices. ¡Cómo han cambiado los tiempos!

Quiero hacer un recorrido por los barrios pobres de Cartagena para ver de cerca cómo será el niño Dios este año. ¿Tendrán navidades tristes o navidades alegres? Sin duda veré muchos niños con caballitos de palo y celulares hechos con latas de cervezas y al fondo se escuchará a Rafael Orozco con su inconfundible voz diciendo: “Qué culpa tiene Miguel ser hijo de un campesino si nunca pudo tener los juguetes de otros niños”. “Y habrá navidades tristes y navidades alegres”. Ya imagino cientos de niños haciéndoles coro al cantante y en viva voz gritando: “A mí me tocó llorar, así lo quiso el destino, cuando oí los gallos cantar por que el niño Dios no vino”.

Les deseo a los cartageneros una Feliz Navidad y un próspero año 2020. Y en medio de tanta dificultad les pido nos unamos para construir un país mejor y una ciudad en la que los niños puedan jugar alegres en sus barrios y todos los habitantes recuperemos la esperanza.

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