Columna


Neopaganismo transhumanista

YEZID CARRILLO DE LA ROSA

09 de diciembre de 2023 12:00 AM

Julian Huxley (hermano de Aldous Huxley) fue el primer promotor de un conjunto de ideas científico-religiosas que identificó como transhumanismo y que sostienen que la especie humana debe/puede autotrascenderse, esto es, que debemos/podemos sobrepasar los límites que nos ha impuesto la naturaleza humana. Ahora bien, lo que para Huxley era una utopía, en este siglo se ha convertido en fuente de distopías y en el credo de una especie de nueva religión pagana que, a diferencia de lo pensado por Huxley, tiene a su disposición el más extraordinario desarrollo científico y tecnológico que alguien pudo imaginar.

Este neopaganismo transhumanista parte de un presupuesto biológico que afirma que no existe algo así como una “naturaleza humana”, que vivimos en una corporalidad inadecuada, contingente, inacabada y deficiente que debe y puede mejorarse o transformarse en sus aspectos físicos, mentales y emocionales, sea por medio de fármacos, de la ingeniería genética o de la info y/o biotecnología; de un presupuesto óntico, que sostiene que la conciencia (mente) y el cuerpo físico pueden disociarse, por ello, es posible vivir sin cuerpo o, incluso, trascender a la inmortalidad (una promesa que ya no surge de los templos religiosos, sino de los laboratorios y centros biotecnológicos); un presupuesto antropotécnico (Sloterdijk): que presume que es posible evolucionar voluntariamente, ya no sometido a los tiempos de la biología, la química o la física; finalmente, un presupuesto ético-legal: que asevera que el individuo es dueño de su corporeidad, que la dignidad humana ya no depende del cuerpo biológico (si pudiéramos vaciar la mente en un cuerpo artificial tendría el mismo valor moral) y que, en virtud de su autonomía, un individuo tiene derecho a introducir mejoras graduales o a cambiar su biología o la de su descendencia.

Como dije en una columna previa, hay un transhumanismo moderado que busca mejorar la condición humana, y hay un transhumanismo radical, que pronostica una era posthumana. En cualquiera de sus dos versiones, este neopaganismo propone acuciantes problemas éticos, políticos y legales. Por plantear solo algunos interrogantes: ¿la manipulación genética debería usarse solo con fines terapéuticos (eliminar del genoma humano enfermedades genéticas graves) o puede usarse también para mejorar o modificar la vida (permitir la creación de bebés con rasgos elegidos por sus padres)? ¿Hasta dónde es tolerable la desigualdad biológica? ¿Deberían considerarse y tratarse de manera igual a los individuos bio-mejorados en relación con lo no mejorados? En caso de que se pudiera extender la vida, ¿qué impacto tendría sobre el sistema de pensiones? ¿Aumentarían los costos de la salud y cuál es el derecho que puede garantizar un Estado? Finalmente, ¿estos cambios debe regularlos el Estado (derecho a la igualdad) o el mercado y el poder adquisitivo (libertad individual)?

*Profesor universitario.

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