Columna


¡Ni un aborto mas!

RICARDO MORALES CANO

RICARDO MORALES CANO

15 de febrero de 2020 12:00 AM

Los “colombianitos” en gestación están amenazados por la mayoría de los magistrados que integran la Corte Constitucional, que aprovechando una nueva demanda, intentarán aumentar las licencias legales para abortar impunemente. No estamos de acuerdo con el aborto por ningún motivo.

Es cierto: el amor maternal es una virtud y no hay ley que pueda imponerla. Dependerá siempre de la voluntad de la madre, mantener su vientre como el nido de protección para su hijo o convertirlo en una triste carnicería uterina, descuartizando sangrientamente desde sus entrañas los pálpitos de vida que le vienen desde la misma naturaleza. La única manera efectiva de impedirlo, es que la ley penal establezca una prohibición que paralice la mano asesina. Es sencillamente, fortalecer la responsabilidad personal sabiendo que violar voluntariamente la ley, en desmedro de los derechos de un ser desprotegido traerá siempre consecuencias penales. Que no es una opción, creer que los efectos propios de nuestros actos, podamos zafarlos con ligereza impune. Atacar a un humano indefenso antes de ser permitido, resulta siempre para todos los delitos, en un indiscutible agravante. El mensaje por tanto, debe ser claro y contundente.

Si bien, no es posible imponer la virtud del amor maternal, sí es factible una solución que permita a la madre que rechaza a su hijo desprenderse de él sin asesinarlo. Bastarían por lo menos cinco centros de protección a la vida, regados estratégicamente a lo largo del país, que de manera fácil pero obligada, permitan gratuitamente a las madres ser acogidas discretamente para atender la totalidad de la gestación facilitando de una vez, adopciones ágiles que rompan el ciclo de la muerte.

No debe ser difícil conciliarlo todo. Hay muchos hogares que añoran con insistente esfuerzo la bendición de un hijo en un país filántropo que no negará el apoyo económico necesario. Implementar un programa de acceso fácil para las embarazadas en estas situaciones extremas, vincular médicos obstetras, pediatras, hospitales y hasta escuelas y talleres, para hacer posible una defensa común hacía la vida, con la cautela necesaria para evitar mancillas evitables.

Con esta alternativa absolutamente posible, que permite una ausencia temporal sin vejámenes, que siempre será posible justificar socialmente, en la gran mayoría de casos, la madre habrá cumplido su sagrado deber de defender la vida de su hijo, con un costo mínimo que le resultará llevadero. Hagámoslo. Es posible, si todos nos unimos como una fórmula práctica contra el aborto. Que el ejecutivo, los legisladores y magistrados sepan que hay una solución que puede imponerse contra quien teniendo alternativas no las supo cumplir.

*Abogado.

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