¡No es pedir mucho!

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Es bueno tener intelectuales que nos nutren de argumentos teóricos gracias a su generosidad académica: me fundamento en los principios de la sociedad civil decantados por Adela Cortina, quien indica que el ciudadano de hoy vive en una pasividad extendida en las democracias, que debe vencerse con el fin de superar su aislamiento irresponsable del mundo, lo cual se logra recuperando el cumplimiento del deber ético de participar con una postura de beneficio colectivo que haga aflorar unos valores mínimos indispensables para la supervivencia, en el horizonte de la perdurabilidad de las instituciones y las sociedades en el tránsito de las generaciones.

Es un discurso válido universal si miramos el panorama de desastres que nos abruman, como son, entre otros: Los migrantes que atraviesan el Mediterráneo, Centroamérica y México, o los caminos de Latinoamérica; el hambre que azota a millones en el planeta; los ecosistemas llevados al límite de la extinción por el calentamiento global, las formas de producción y consumo, y las inequidades en la distribución de bienes y servicios; las noticias falsas y los discursos fáciles que reemplazan el debate profundo; los líderes políticos irresponsables, inmaduros, miedosos, egoístas y cortoplacistas; los jóvenes sin sueños ni mentores; los fundamentalismos religiosos; la destrucción de los contradictores y la negación de los derechos de las mujeres, los niños y las minorías.

Suficientes elementos para sentirnos frustrados e impotentes. La única actitud que evita la parálisis es asumir tareas cercanas y viables en nuestra cotidianidad. Por esta razón, en este panorama general apocalíptico, mi mirada se centra en Cartagena de Indias que en la escala local refleja todos los problemas listados en el párrafo anterior.

Hoy me circunscribo a uno de los desafíos inmediatos de la ciudad, que consiste en la dirección de su administración pública distrital en este momento de cronogramas en curso de las elecciones locales. Si los periodos constitucionales de alcaldes hubiesen tenido aplicación, de 2012 a la fecha habríamos tenido solamente dos burgomaestres en propiedad. Durante los últimos meses, un número amplio de cartageneros ha manifestado su interés en ser nuestro próximo alcalde. Ellos representan un abanico de alternativas que nutren el pluralismo democrático y la necesaria diversidad de la política, lo cual resulta esperanzador.

Ante este desafío democrático de la ciudad, las acciones personales y colectivas de ética deben obligarnos a un mínimo irrenunciable, que consiste en revisar seriamente el régimen de inhabilidades e incompatibilidades de los aspirantes para declinar inscripciones, negar avales, orientar a los electores o votar por las personas que nos garanticen que son aptos para permanecer en ejercicio durante su cuatrenio. ¡No es mucho pedir!

*Abogada. Doctora en Historia y Artes.

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