No es un tema menor

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La atención hospitalaria de la población pobre y vulnerable de la ciudad de Cartagena históricamente se ha realizado en tres instituciones: el Hospital Universitario del Caribe, la Maternidad Rafael Calvo y la Casa del Niño. Estos hospitales desde hace décadas han hecho frente a la atención de los más necesitados y han vivido de primera mano los aciertos y desaciertos de las políticas del sector salud en nuestro país.

Las tres instituciones cumplen una función social importantísima y son de alguna manera los garantes de la atención de los estratos socioeconómicos más bajos de la ciudad y del departamento; gracias a ellos, los indicadores de morbimortalidad hospitalaria en Cartagena se mantienen y la situación de salud en una ciudad con cobertura de aseguramiento del 100% no empeora. Son instituciones necesarias y en la coyuntura de crisis que vivimos son, en el corto plazo, prácticamente irremplazables.

Son también tres instituciones que de manera repetitiva y durante los últimos años han manifestado en múltiples escenarios y ante múltiples autoridades la delicada situación financiera por la que atraviesan.

Estas instituciones reflejan la realidad que viven muchos hospitales públicos y privados en Colombia: la necesidad de hacer frente a una gran demanda de atenciones por parte de los pacientes, con un déficit de recursos para funcionar y en medio del incumplimiento de las obligaciones laborales y de las obligaciones con los proveedores.

También son el reflejo de la necesidad que tiene el sector hospitalario de innovar, de mejorar sus procesos y de hacer frente a la coyuntura actual que sigue clamando por reformas estructurales, por controles más estrictos y por la salud de los pacientes.

En medio de este escenario de necesidades infinitas y de recursos limitados, la Maternidad Rafael Calvo la semana pasada frenó sus atenciones. Los médicos anestesiólogos de este centro de referencia de la Costa suspendieron sus actividades por una razón lógica: les adeudaban muchos meses de salario y ya no aguantaban más la situación. En igual situación deben estar los ginecólogos, médicos generales, enfermeras, auxiliares, proveedores, etc, etc.

La crisis de la Maternidad no la originaron los anestesiólogos, la originó un sistema que no ha sido capaz de controlar su funcionamiento, en donde los recursos no llegan a las instituciones y en donde la salud se ha convertido en un tema 100% económico.

Yo no sé cuánta sea la cartera que le adeudan a esta institución las EPS, el distrito de Cartagena y el departamento de Bolívar, de lo que sí estoy seguro es que las quiebras y liquidaciones de muchas EPS, el incumplimiento de las normativas para garantizar el flujo de recursos, la tramitomanía imperante en el sector salud y el aumento de la población no afiliada al sistema producto de la crisis migratoria venezolana, tienen a buena parte del sector hospitalario en nuestra ciudad y en muchos lugares del país al borde del colapso.

A la suspensión de atenciones, situación de por sí gravísima, se hubieran sumado otras situaciones que empeorarían el escenario: estudiantes del área de la salud afectados, proveedores sin pagos, familias sin recibir recursos en diciembre, falta de facturación, paseos de la muerte, en fin, todo un espiral de infortunios que desde hace mucho tiempo se vienen anunciando y que la semana pasada amenazaron con convertirse en realidad.

Lo que pasó en la Maternidad no es tema menor, es un tema que merece toda la atención de la administración local, departamental y nacional. Dicen que cuando inicia una crisis en un sector, la posibilidad de que se genere un efecto dominó es enorme, ojalá que esto no ocurra en Cartagena; los hospitales que atienden a la población pobre y vulnerable lo vienen anunciando desde hace más de un año y la escucha no se ha traducido en acciones que mejoren sus finanzas y su flujo de recursos.

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