No más víctimas

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Apareció ayer la noticia que el grupo de protección a la infancia y adolescencia adscrito a la Policía Metropolitana capturó a una persona de nacionalidad venezolana que inducía a la mendicidad a un niño de 9 años. La persona, que cometía en flagrancia el delito de explotación de menores de edad, fue puesta a disposición de la Fiscalía General de la Nación.

La anterior noticia debería ser un hecho aislado, en el que se refleja la deplorable conducta de un individuo sin escrúpulos que se aprovecha de la condición de vulnerabilidad de un menor para obtener beneficios propios. Sin embargo, desafortunadamente no es un hecho aislado, es una realidad con la que convivimos y lo que es peor, en muchos casos una realidad que patrocinamos cuando actuando de buena fe y con buen corazón damos una limosna a un niño en la calle.

Resulta preocupante como la mendicidad en Cartagena va en aumento y los protagonistas son los niños, basta con ir al Centro Histórico de la ciudad para ver como residentes y turistas son acosados por grupos de niños vendiendo colombinas o pidiendo dinero. Si uno mira en los semáforos la situación es similar y si se va a la zona turística de Bocagrande encuentra la misma escena: adultos acompañados de niños vendiendo dulces, colombinas y pidiendo dinero.

No sé si me equivoco, pero pareciera que durante los dos últimos años el número de menores pidiendo dinero en las calles ha aumentado y que la situación tiende cada vez más a empeorarse. Las cifras de mendicidad en Cartagena deberían revisarse y las acciones de la Policía y del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar fortalecerse. El problema está allí al frente de todos y convivimos con él. El dato que durante lo corrido de este junio se han realizado acciones para restablecer los derechos de 24 menores inducidos a la mendicidad y a la explotación laboral infantil debería dolernos profundamente a todos.

Se calcula que en Colombia la cifra de niños explotados laboralmente supera el millón, y que una de las actividades en la que frecuentemente son explotados es la mendicidad. Sin duda, Cartagena debe mirar esas cifras y todos como sociedad debemos denunciar y no patrocinar esta forma de explotación.

Cartagena y Bolívar aparecen en el ranking nacional de regiones donde más explotación infantil hay. Se calcula según cifras del Ministerio del Trabajo que el número de menores explotados en la región puede superar los 15.000, de los cuales cerca de 6.000 están en graves condiciones de vulnerabilidad.

Las cifras anteriores son preocupantes, ya que es clara la relación existente entre explotación infantil y abandono de escuelas y entre baja escolaridad y ciclos de pobreza. A estas se suma la asociación entre baja escolaridad, pandillismo, farmacodependencia, violencia intrafamiliar, embarazos en adolescentes, prostitución y microtráfico.

Todo lo anterior se convierte en un círculo vicioso en donde la explotación infantil asociada a mendicidad es un indicador extremadamente sensible de un problema social que debemos enfrentar.

EL rol de la Policía de Infancia y Adolescencia y del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar es importantísimo en el control de este flagelo, sin embargo, no son ellos solos los responsables del control, todos los cartageneros debemos denunciar la explotación infantil, además de evitarla y no patrocinarla. De todos depende que no haya más víctimas de las redes de explotación.

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