Columna


No vendamos el sofá

MARIO RAMOS VÉLEZ

20 de octubre de 2021 12:00 AM

Preocupante el titular de El Universal del 15 de octubre: “Caballos cocheros por carros eléctricos”, iniciativa absurda que hace tránsito en el Congreso de transformar la tradición del paseo en coche por el sector amurallado, que data de épocas coloniales, por vehículos de tracción eléctrica. Estos carruajes conocidos como carrozas, victorias, sencillamente coches, evolucionaron en las exigencias del turista, hasta convertirse en un patrimonio para la ciudad. “Si quitan los caballos, se acabaron los coches”, lamentan en coro cocheros, turistas y cartageneros quienes consideran que eso sería “matar a la ciudad de Cartagena” y “dejarla sin oxígeno”. El paseo en coche es un activo cultural de la ciudad, que ha sido prestado de manera doméstica, y que en los últimos años viene siendo cuestionado por organizaciones animalistas que exigen que se acabe, debido a que se han presentado accidentes y casos fortuitos. Los coches de Cartagena comenzaron a prestar servicios turísticos a principios del siglo XX, cuando un turista alquiló un coche de propiedad de Juan Ríos Vásquez (pionero del paseo en coche), regalado por doña Soledad Román, esposa del presidente Rafael Núñez, recorrió con placer infinito el entorno colonial, escuchando del cochero las viejas historias de la ciudad antigua, cada día más solicitado para recorridos turísticos, convirtiéndose el paseo en coche como el mejor tour de la ciudad. El ilustre historiador cartagenero Eduardo Lemaitre expresó: “Creo firmemente que los coches de Cartagena forman parte del patrimonio inmaterial de nuestro país, y es la más noble expresión de su uso y costumbre, lo que le da al Corralito un toque mágico”. Acabar con los paseos en coche en nuestra ciudad, significaría casi la expedición del certificado de defunción de un importante sector de nuestra oferta turística. Las autoridades de Cartagena por su ineficacia en controlar este servicio, no pueden caer en la ingenua solución de aquel marido que encontrando a su esposa siéndole infiel en el sofá de la casa, resolvió vender el sofá para evitar futuros devaneos de su mujer. Este servicio podría privatizarse tercerizándolo, igual como están hoy la energía, el agua y las basuras, y concebirlo con un sentido empresarial y gerencial, con el cumplimiento de requisitos estrictos en el cuidado de los caballos, innovándolo para aumentar la satisfacción de los clientes y de ingresos y empleos para la ciudad. Señor alcalde William Dau no permita que esta hermosa tradición desaparezca. “No” a los carros eléctricos. Joaquín Torres, abogado quien interpuso una acción legal, hace un par de años, explicó que “el Centro Histórico” patrimonio de la Unesco, también contempla las casas, las plazas, las calles, las palenqueras y también los cocheros, es decir todo lo que lo compone”. Alcalde Dau “por favor no vendamos el sofá”.

*Rector de UNICOLOMBO.

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