Nosotras las mujeres

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Qué buen momento para hablar de nosotras las mujeres, el mejor y el más grande complemento, el complemento perfecto para la humanidad.

Somos únicas, obra perfecta del Creador. En donde podemos ser capaces de estar al mismo nivel de los hombres, y ser a la vez ese vaso frágil, (que le da su honor) para que nos traten con la delicadezaque se requiere.

Y de saber que no fuimos creadas para cambiar llantas de carro, ni llevar el auto al mecánico, ni cambiar los bombillos en el cielo raso, porque para eso está la otra costilla.

Las mujeres estamos preparadas para además de criar a nuestra prole, nuestro mayor bastón, atender el hogar, hacer lo quehaceres de la casa, atender a los hijos, echar la ropa a lavar, hacer tareas con nuestros muchachos, de ser capaces de liderar una empresa, estar al mando de un cargo importante, dictar conferencias, ser líder de una comunidad, dirigir una ciudad o una nación, pero sin olvidarnos, eso sí, que somos mujeres y como tal deben tratarnos y debemos tratar.

Recordemos mujeres, que todo depende de nosotras mismas, ¡valórate, sé genuina, sé coherente! Deja de creerte el hombre de la casa, para eso, afortunadamente fueron creados ellos, la otra costilla.

Mujer, no importa si eres alta o baja, blanca o trigueña, o si tienes o no algún atributo físico. Tu mayor y esencial atributo es ser mujer, lo más importante es que eres mujer.

Tu función en la tierra no la puede ejercer nadie más que tú. Ser Madre.

No importa en dónde te desempeñes, ni qué trabajo tienes, ni cuánto salario devengas, ni qué posición social gozas, importa que como mujer vales un tesoro y jamás debes permitir que nadie ni nada atente contra tu valiosa estima.

Acuérdense que nuestras abuelas siempre les dijeron a nuestros hombres que su felicidad, su buen trasegar por la vida dependería siempre de tener a su lado una buena mujer.

Dice la palabra de Dios: “Mujer virtuosa, ¿quién la hallará?, porque su estima sobrepasa
largamente al de las piedras preciosas.

El corazón de su marido está en ella
confiado. Le da ella bien y no mal todos los días de su vida, y ciñe de fuerza sus brazos”.

Mujer divina que llenará de frutos tu mesa, mujer que es gloria del hombre, y que lo
rodeará con su honor como una corona de diamantes.

Mujeres, únicas, así hayan salido de un pedazo de costilla del hombre, al fin y al cabo el hombre que ama a su mujer, a sí mismo se ama.

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