Nuestro ‘metro cuadrado’

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Grave error cometemos los empresarios al pensar que nuestra labor en el país se circunscribe al pago oportuno de nuestros impuestos o la creación de riqueza y empleo. Eso, digamos, está bien en países como Australia, Dinamarca o Suiza, donde las instituciones funcionan, la corrupción es baja y la miseria no existe. ¿Pero en Colombia? Por favor, si lo que estamos necesitando urgentemente es una nueva clase empresarial, por encima inclusive de nuestra labor de ‘responsabilidad social’, para que se involucre de lleno en la solución de los graves problemas estructurales que aquejan el país, como la miseria, la corrupción, la politiquería, la impunidad, el narcotráfico, entre otros asuntos.

Se trata de salirnos de nuestro ‘metro cuadrado’ y participar más activamente en las políticas públicas que puedan lograr una efectiva transformación social. Y con ello no me refiero a la simple revisión de las variables macroeconómicas, para citar cualquier ejemplo. No. Me estoy refiriendo a la necesidad de asumir liderazgos en propuestas concretas para acabar con la vergonzosa inequidad social en el país. Me estoy refiriendo a la necesidad de asumir liderazgos para lograr la reforma a la justicia y de acabar con una corrupción desbordada que, por el mismo descontento social existente, puede terminar afectando la estabilidad política del país. En fin... se trata de cambiar el ‘chip’ y entender que la democracia es demasiado importante para que sea cuidada en exclusiva por nuestra clase política.

Otros que deben salirse de su ‘metro cuadrado’ y conectarse con la realidad política colombiana son los sindicatos nacionales. Verlos haciéndole el juego a la izquierda radical, es de una ingenuidad inimaginable. ¿Acaso ustedes no se hablan con sus pares de Venezuela y Nicaragua? ¿dónde están los sindicatos en Cuba? ¿qué opinan de las persecuciones sindicales en el socialismo del siglo XXI? Siendo ello así, ¿a que juega Fecode con el adoctrinamiento abierto de nuestros niños y jóvenes?

Antes de despedirme, quisiera dejar la siguiente reflexión: así como cada año hay miles de colombianos que desafortunadamente deben migrar buscando mejores oportunidades en otras latitudes capitalistas, como en Canadá, Estados Unidos o Australia, para mencionar algunos; en la otra orilla, no entiendo por qué los amantes del comunismo, si tanto adoran ese modelo, no hacen lo mismo y se van hacia Venezuela, Cuba o Nicaragua. Pero allá nadie les llega. Entonces, ¿a qué jugamos?

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