Objeciones a la polarización

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Colombia se convierte nuevamente en escenario de polarización, por cuenta de las orquestadas objeciones presidenciales a la Ley estatutaria de la Justicia Especial para la Paz –JEP-, que en opinión de unos es un nuevo zarpazo que pretende tumbar los acuerdos de paz entre el Estado y las Farc, y de otros que consideran se trata de una “simple visión crítica” para mejorar aspectos puntuales de la justicia transicional.

Más allá de interpretaciones jurídicas, es evidente que la nación parece comenzar a dar marcha atrás en la búsqueda de la convivencia y la tolerancia, que se supone sobrevendrían cuando cesara la guerra, que por más de 50 años sembró odios, dolor, muerte y desarraigo en nuestros campos y ciudades.

Pese al clamor de millones de colombianos, de víctimas del conflicto que quisieran ver desaparecer para siempre los nubarrones que oscurecen el panorama de la reconciliación, y de las advertencias de la comunidad internacional sobre los riesgos de desestabilizar los acuerdos, parece abrirse paso la estrategia de la confrontación como herramienta política, que tanto gusta a sectores extremistas, por los dividendos que les genera.

Es muy probable que las objeciones no logren pasar el filtro del Congreso de la República, o que si pasan lleguen nuevamente a conocimiento de la Corte Constitucional que se ratificaría en sus conceptos ya emitidos, y de ser así no pasaría en esencia nada y la JEP continuaría su curso, pero independientemente de si eso ocurre, ya se sembró y germinó rápido la semilla de la discordia, ya se exacerbaron posiciones y se avizoran nuevas confrontaciones, como victorias tempranas para los incitadores.

Soy de quienes piensan que uno de los más devastadores golpes sufridos por las bases de la unidad nacional, fue el célebre referendo por la paz, que dividió a familias, amigos, grupos, comunidades e instituciones entre partidarios del sí y del no, y distribuyó alta dosis de intolerancia entre los bandos.

No obstante, la firma final de los acuerdos, el cese al fuego definitivo y la consecuente reducción de muertos y de heridos en combates, generó expectativas, a pesar de la violenta reacción de fuerzas oscuras y de la disidencia de algunos guerrilleros de las Farc.

Las objeciones planteadas y la cizaña sembrada desde círculos de poder, nos devuelven no solo a la incertidumbre, sino al miedo y al peligro que representa la polarización y las muestras de odio. El escritor cubano Leonardo Padura dice que “el odio es una enfermedad contagiosa e incurable”, si se incentiva, como algunos quieren hacerlo, podría generar en nuestro país una epidemia de impredecibles consecuencias.

Las marchas pacíficas de ayer fueron masivas objeciones a la polarización; ojalá las acepten los señores de la guerra.

*Asesor en comunicaciones

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