Columna


Opinión, aborto y pena

La problemática del aborto reclama una salida institucional real y eficiente; la educación y prevención.

ENRIQUE DEL RÍO GONZÁLEZ

ENRIQUE DEL RÍO GONZÁLEZ

21 de enero de 2020 12:00 AM

Las redes sociales nos invitan a una nueva discusión sobre el importante tema de la penalización del aborto, pero desde muchas tribunas se cuestiona duramente que los hombres podamos referirnos a dicha materia cuando es un tópico que solo concierne a las mujeres.

Difiero de quien así piensa, aunque entiendo la postura. Creo que el respeto a la libertad de opinión es el pilar para la construcción de la verdadera paz que se gesta en el ser individual y de ahí se expele al mundo, por ello es necesario aceptar la verdad ajena en la misma sintonía en que se pretende sea admitida la nuestra, pues, nos encanta exigir derechos, pero nos resulta difícil aceptar los de otros.

No existen temáticas vedadas y este particular no podría serlo, al menos por dos razones: la primera, todos estamos habilitados para opinar incluso en asuntos en los que no somos protagonistas, por ejemplo, la política en Europa y para ser más claro, sobre los delfines del mar; no soy europeo y tampoco un delfín, pero ¿no puedo hablar de esos temas? La segunda, la concepción, gestación y crianza de un hijo son responsabilidad de la pareja, luego, todo lo relativo a ese periplo es de incumbencia mutua, o eso es lo deseable.

Por lo anterior, expondré mi criterio acerca de la penalización del aborto: no la veo necesaria desde ningún punto de vista, en principio por ser el Derecho Penal el último recurso que, por lo agresivo, debe usar el Estado para la solución de los conflictos. Hoy quien se practica un aborto no es considerada delincuente, es decir, no la percibimos como tal, casi que el comportamiento es socialmente aceptado y ello deviene de la reivindicación de los derechos de la mujer, quien obviamente está dotada de toda la capacidad de discernir y decidir lo que considera la opción más adecuada, sobre todo por ser ella quien con más injerencia asumirá las consecuencias que representa la maternidad. De los años de criminalización de esta conducta evidenciamos que los índices de comisión crecieron con una clara exposición de las clases menos favorecidas socialmente, a quienes les toca recurrir a métodos caseros, subrepticios e insalubres que muchas veces desembocan en la muerte. Obviamente, la disminución de estas prácticas está relacionada con la anticoncepción de emergencia, una salida médico-científica que nada tiene que ver con penas. La problemática del aborto reclama una salida institucional real y eficiente; la educación y prevención. Debemos entender a la mujer en su plena libertad y dignidad, sin juzgar desde el área penal sus decisiones, bajo el entendido de que es inaceptable la incorrecta equiparación de delito y pecado, pues no todo lo reprochable se considera punible. Cada quien, desde su creencia y estructura moral asumirá responsabilidades, la más delicada, su propia conciencia.

*Abogado.

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