Columna


Orfebre de las palabras

HENRY VERGARA SAGBINI

11 de enero de 2021 12:00 AM

Hijo, he decidido entregarte mi propio manual para que, desde ahora, tus manos, ojos, oídos y espíritu empiecen a moldear los pensamientos y sentimientos en la arcilla sagrada de las palabras.

Como todos los seres humanos, tendrás que convertirte en sembrador de frases, orfebre de ideas, escultor de luces, artesano de horizontes, capitán del barco tallado en cada uno de tus genes desde el nacimiento de las constelaciones.

Hijo mío, ahora que aún estas en el vientre apacible de tu madre, te advierto que si pretendieras conquistar el universo, tendrías que hacerte dueño y señor del reino de los vocablos, de los que se dicen y se los lleva el viento, y de aquellos que se quedan grabados para siempre en el alma gloriosa de los libros, sobre la piel efímera del papel periódico, en la esquizofrenia mágica de la Internet, en los rostros de aquellos que nos rodean o en el recuerdo de los que aún no has visto.

Aprópiate, desde ahora, de las vocales y de las consonantes, del punto y coma; guarda en tu bolsillo los ganchos de los interrogantes y colócalos, sin temor alguno, solo cuando lo dicte tu conciencia.

Lleva en tus manos los signos de admiración y lánzalos al aire, como voladores, cada vez que te asombren los colores y fragancias de la vida.

Coloca en MAYÚSCULAS el valor de las cosas elementales como el portento de las semillas que alojan en su vientre el canto de un árbol o la promesa de un niño.

No le temas al ‘que’ galicado, a los pleonasmos, a los gerundios ni a los pluscuamperfectos.

Escribe principalmente para ti y no coloques por encargo una sola tilde, mucho menos el punto final antes de tiempo.

Escribir es, ante todo, un acto de fe: escriben los pájaros fabricando sus nidos, escribe la oruga tejiendo sus alas de mariposa, escribe la lluvia dibujando ríos y quebradas, escribe la abeja sus mensajes de miel, escriben las nubes sus garabatos de invierno, escribe la madre sonetos de esperanzas sobre la frente de su hijo, escriben los mares telegramas de espuma sobre la playa.

Escribe y lee, así crecerán tus ramas profundizando tus raíces y, cuando tengas tus propios hijos, llénales su almohada y su alma con algodones de palabras sabias que templen su carácter para que jamás coloque verdades entre paréntesis, sin importar los riesgos, tal como lo hicieron Mahatma Gandhi, Jaime Garzón y Jesús de Nazaret.

TEMAS