Columna


Otra vez El Principito

MIGUEL YANCES PEÑA

05 de abril de 2021 12:00 AM

Cumplida una edad y experiencia, los humanos exigen y practican cierto grado de autoridad y mando sobre parte de sus semejantes. Se ejerce, y es aceptado, siempre y cuando se perciba ese don en quien lo ejerce, si no, no. Si no lo logran, u ocupan un cargo en la burocracia que les permita aparentar autoridad dejándose manejar, se vuelven energúmenos, amargados, agresivos, y desembocan en autoritarismos.

Contra el autoritarismo nada mejor que madurez, y una relectura de El Principito, el cuento de Antoine de Saint-Exupéry. Cada vez es más claro que los incentivos económicos producen mejores resultados a la hora de organizar la vida en sociedad. La fuerza y el autoritarismo, ya no.

Después del asunto de los peajes se vino el tema de Transcaribe, el SITM de Cartagena. Sobre él quiero decir algunas cosas. La primera, positiva, es que optimizó el uso de vías; no obstante no haber logrado, en la mayoría de los casos, reducir el tiempo de desplazamiento origen-destino, ni las distancias de a pie. En eso sigue primando el transporte individual y el informal, que también le ganan en precio.

No quiere decir que el modelo de transporte masivo sea un fracaso, sino que debe mejorar en esos aspectos con el fin de derrotar los sistemas informales, mejor estrategia que perseguirlos. Lo primero, optimizar las rutas, establecer horarios para todas los paraderos y estaciones, y aumentar la frecuencia de los buses, a fin de que el usuario se beneficie de los tiempos de espera, y del tiempo total de movilización. Como en toda mejora, esta también implicará un incremento en la inversión, en el tamaño del parque automotor, en el lucro cesante, y en los costos, pues disminuiría, en principio, el número de pasajeros transportados por vehículo al aumentar su número, sin que implique un aumento en el de usuarios. Aunque esto estaría por verse, porque mejor servicio traería más demanda.

Respecto al costo, necesito entender cómo hacen para expresarlo en ‘pesos por usuario’, siendo que depende, en sus costos variables (los fijos son fijos), del número de vehículos despachados, no de cuantos los aborden; sin embargo, este indicador, la llamada tarifa técnica, se podría optimizar en la medida que se estudie el comportamiento y las necesidades de movilización de la población; y se establecieran horarios y frecuencias para satisfacerla. Es muy fácil compensar las ineficiencias propias de quienes administran, con recursos públicos que las subsidien.

No significa que el sistema pueda y tenga que llegar a ser “autosostenible” y rentable, sino que hay que reducir costos y aumentar calidad y eficiencia, como es obligatorio hacer cuando se tiene competidores, o establecer una fórmula de eficiencia, antes de recurrir a los subsidios.

*Ing. Electrónico, MBA.

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