Otro año electoral

13 de enero de 2011 12:00 AM

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Solía disfrutar mucho un año como estos. La estrategia, la atención del público, las carreras contra el reloj, las encuestas, en fin. Y no es que ya no me guste, claro que sí, pero creo ver con más objetividad las cosas a raíz de mi decisión de apartarme por un tiempo, que concluyó hace un año al hacer parte del equipo de campaña del mandatario de los colombianos, de los avatares de la política y dedicarme a mi profesión. Siento que es muy cansón someter al país a elecciones de manera tan seguida; de razón al día siguiente de la posesión de las cabezas del ejecutivo, regionales o nacionales, ya se está hablando de sus posibles sucesores, pues el tiempo de los mandatos populares es tan corto que se sobrepone una elección con la otra.
El año de entrada, acomodándose, el de salida y el del intermedio en elecciones, y un año ejerciendo en plenitud. Y es que cada año electoral es un reacomodo de las cosas: que quién me ayudó, que quién me va a ayudar, que quién se me fue, que quién me llegó.
Ello sin contar cómo se pierde por completo la objetividad de la gente. Según los intereses de turno, a los buenos mandatarios, como el de Montería o Santander, les buscan peros, y a los no tan buenos, como el de Bogotá o Risaralda, excusas; y todo en medio de un mar de dimes y diretes que confunden a la gente de manera que eligen más por emotividad que por racionalidad.
En este punto recuerdo que tengo unos amigos de un lado y del otro en montones de partes del país, cosa que a todos con seguridad nos pasa, y a pesar de que nunca niego por quién voto, eso me obliga a jugar al malabarismo con las palabras y gestos, con tal de no perder tantas, porque de que se pierden se pierden, amistades.
Creo que el período de alcaldes, gobernadores y presidente de la República, así como el de ediles o comuneros, concejales, diputados y parlamentarios, debe ampliarse a 6 años.
Además, si bien los años electorales le imprimen dinámica a esas instancias políticas, debería pensarse en el marco de los seis años, cómo las elecciones regionales o nacionales se realizan, que si no a la vez, por lo menos el mismo año.
Tal evento permitiría que se aunaran esfuerzos en pro de las regiones y del país de las diversas instancias de poder, y ayudaría a fortalecer el establecimiento de políticas públicas por encima de las de gobierno, puesto que se construirían sin las interrupciones de nuevas y próximas elecciones.
En ese sentido, las elecciones debieran tener una lógica de pueblo, o regional, o piramidal, o como le quieran llamar; es decir, primero las locales, y luego las nacionales.
Eso le daría un discurso de construcción colectiva (entiéndase lógica partidista si se quiere) a los políticos frente a las elecciones, y los resultados más obvios (aunque en el país del Sagrado Corazón nunca se sabe) serían el de la aplicación, a través de las administraciones y/o controles políticos, del discurso colectivo predominante.

*Abogado y Analista Político

bfzr_14@hotmail.com
 

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