Pan y circo

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Es lamentable que en esta coyuntura electoral, lo que debería ser un debate de propuestas, de ideas, de programas de gobierno, de visión de ciudad... sea en realidad una competencia de like, del que más carros con microperforado tenga, el que mejor baile champeta, del que más gente lleve caminando a su lado, del que tenga el mejor equipo de avanzada, del que haga las mejores fotografías abrazando a viejitos y cargando pelaitos, del que tenga el poco de camisetas, de gorras, de manillas, de drones, de vallas, de camionetonas... En fin, como dice una amiga: “Aquí lo que le gusta a la gente son las campañas que parecen de traquetos”.

Y claro, es que los políticos entendieron que para poder influir en las masas había que apelar eso; porque ajá, eso es lo que da votos.

Esto lo visualizaron muy bien los políticos romanos en el año 140 a. C. Cuando se dieron cuenta que regalando comida barata y distracción al pueblo, los mantendrían entretenidos y era más fácil llegar al poder. De aquellos acontecimientos surgió la expresión acuñada por el poeta romano Juvenal: pan y circo, con la que se quiere significar que a los pueblos hay que darles espectáculo para que su atención no se pose en los temas medulares. Estrategia que hoy adquiere absoluta vigencia, cuando observamos que aquí el debate político está reducido a toda una farándula sin ningún tipo de contenido.

Y como consecuencia de ello, tenemos un voto desprovisto de argumentos, persuadido por la forma y no por una propuesta seria.

Por eso cualquiera que se consiga una buena plata puede aspirar a la Alcaldía de Cartagena; porque aquí no importa qué propones, sino cuánto estás dispuesto a invertir. Y mientras sigamos en esa sinergia: el financista dándole al candidato, el candidato pagándole al pueblo, el pueblo eligiéndolo alcalde, el alcalde devolviéndole al financista... seguiremos siendo esa ciudad desigual y fragmentada que agoniza en su propia pobreza.

Pero si ellos lo han hecho mal, peor nosotros que los elegimos.

Esta es la oportunidad para exigir un debate electoral serio, abierto a todos, donde se generen espacios de diálogos e interacción ciudadana que nos permitan conocer la hoja de ruta con la que piensan administrar la ciudad los próximos cuatro años, y sobre todo, la manera cómo van a enfrentar los problemas estructurales que hoy nos agobian; pues recordemos que aquí no vamos a votar por un candidato sino por programa de gobierno.

Esa es la verdadera política, el esfuerzo común de ocuparnos de las cosas que nos preocupan, que nos afectan; por eso ya Platón nos advertía, que el precio de desentenderse de ellas, es ser gobernado por los peores hombres.

*Abogada y analista política.

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