Paolo y el fuego

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Cuando llega el 9/11 además de recordar el catastrófico acto terrorista que enlutó a toda América, me salta a la mente una foto famosa del pintor Paolo Buggiani, grande escultor de fuego, colgado de una cuerda a 25 metros de altura escupiendo una bocanada de fuego enmarcado por las Torres Gemelas en todo su esplendor; una de las performances extremas de mi amigo, del año 1979, con un título aterrador: ‘Un atraco frustrado a las Torres Gemelas’, una de las más espectaculares quizás; pero hay más, como la escultura de fuego que representaba una familia que incendió al frente del palacio de las Naciones Unidas en la conmemoración de la bomba atómica en Hiroshima (Japón), en el puro centro de Nueva York, en una operación de guerrilla sin permiso y performada con un tempismo perfecto.

Antes que llegara la policía de la Gran Manzana, ya se había tomado la foto, ya los noticieros habían grabado y nadie estaba cerca del fuego ardiendo, y hay más cuando en la Quinta Avenida, en patines, con una coraza incendiada de minotauro arrastrado por una vela de windsurf persiguiendo una doncella también en patines.

Pero déjeme explicar quién es Paolo Buggiani y por qué su vinculación carnal con Cartagena.

Paolo nació hace 87 años en Castelfiorentino y vive en Isola Farnese, en un burgo antiquísimo con un castillo, en una habitación cuyo horno es del siglo XI.

Paolo es considerado junto a su amigo Keith Haring, uno de los padres fundadores de la Street Art, un arte callejero que nació como reacción a la prepotencia de las galerías de arte y es uno de los escultores de fuego más importantes del mundo, enamorado de Cartagena, gran amigo del maestro Tatis, de Paulina Padilla, de Haroldo Rodríguez, Jacqueline Char y decenas de artistas jóvenes que siguen el ejemplo de este artista integral.

Paolo llegó a Cartagena hace muchos años, estábamos en pleno Festival de Música del Caribe, de Paco de Onís y el ‘Mono’ Escobar, y le propuso al ‘Mono’ algo que no entendimos bien, pero por la noche, durante el clou del espectáculo, en lo más alto de la Plaza de Toros, comenzaron a aparecer ságomas de bailarines de hembras, de maracas y tambores todas encendidas: un espectáculo mágico que Paolo repite cada vez que viene de visita.

Ha hecho documentales musicales en La Boquilla, una escalera de fuego, bicicletas incendiadas y una escultura de 10 metros de alto titulada ‘La casa en el aire’, obra que un gerente inculto mandó a destruir aduciendo falsas razones de seguridad.

Paolo es un cartagenero a carta cabal y es bienvenido en nuestra ciudad cada vez que quiera visitarnos, y con Tatis y otros amigos vamos a organizar una muestra de sus obras cartageneras para que todos podamos gozar de su arte.

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