Columna


Para tener en cuenta

BERNARDO ROMERO PARRA

25 de noviembre de 2020 12:00 AM

La providencia divina es tan sublime y perfecta que los humanos jamás la lograremos entender. Haciendo el intento de analizarla quizás un día valoraríamos en su verdadera dimensión los alcances de la heroica resistencia en 1815 de 105 días de hombres y mujeres en Cartagena luchando por la independencia ante el sitio español, entonces tal vez comprenderíamos por qué esta urbe después de tanto tiempo es todavía asediada por el hambre y la miseria.

Las vendas que quitó la tormenta Iota ha sacado a la luz algo que, de tanto verlo, se nos convirtió en una vista normal, y lo es el riesgo en que viven encima de un barranco muchas familias en los cerros de La Popa o Albornoz, donde los niños juegan al borde de precipicios de más 50 metros, y en las noches de tormenta, la lluvia, los vientos y los rayos quieren hacer volar en el abismo las paredes de tablas y los techos de zinc, pero que también debajo de ellos están otros seres humanos que de tanto convivir con el peligro que les caiga una avalancha de rocas y tierra, solo se aferran a la misericordia divina cuando dicen: “Compa, da miedo vivir aquí por mi mujé y los pelaos, pero yo estoy aquí a la de Dios”. De igual forma, a las orillas y dentro de los cuerpos de agua sobreviven familias enteras, que perdieron los sueños de progreso resignándose a la miseria y las inundaciones, convertidos en víctimas seguras de los embates de la naturaleza. Sobre todo hay la necesidad de reubicarlos a través de programas de vivienda que contengan la rehabilitación social como forma de arrancar a la gente de las garras de la alienación.

Pero si conocemos los problemas y las soluciones, ¿por qué no somos capaces de actuar para resolverlos? Como respuesta volvemos a plantear la firma de un gran pacto social por Cartagena, con la participación del gobierno y las fuerzas vivas que contemple: programas de integración para la superación humana, restauración de la familia, capacitación laboral, lucha contra el hambre que comercialice por medio de las Juntas de Acción Comunal productos de la canasta familiar a precios subsidiados; crear el banco para la superación de la pobreza, que entregue créditos para generar ingresos; la realización anual de la cumbre social por Cartagena, para la concertación de recursos con organismos de cooperación nacional e internacional, públicos o privados, que financie proyectos. Todo como complemento a las grandes obras de infraestructura que se requieren para salvar a Cartagena de futuros fenómenos de la naturaleza.

*P.U. Comunicación Social Periodismo. Especialista en Formación de Formadores.

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