Parece que fuera hoy

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Es desalentador leer apartes de la historia de la Cartagena del siglo 18, porque los males de la ciudad son muy viejos, casi endémicos, y parece que hicieran parte de la génesis y la herencia cultural del pueblo cartagenero. Como si acaso estuviera incrustado en nuestro ADN y fuese imposible desaparecer.

El profesor de historia latinoamericana, Lance Grahn, dice de la economía cartagenera de esa época: “Ante la escasez natural de bienes importados legalmente y la fácil disponibilidad de mercancías de contrabando, los burócratas, los comerciantes, el clero y los militares de Cartagena fomentaron el negocio del comercio ilegal en 1721. Los contrabandistas manejaban sus negocios abiertamente con todos los sectores de la sociedad. Para poner un ejemplo, un funcionario del puerto involucrado en el contrabando observaba que el comercio ilegal era muy difícil de reducir, porque decía: “Aunque es visto, la prueba nunca es encontrada, porque los criminales siempre salen santificados en caso de que no con la ayuda de Dios, con la ayuda de los jueces”.

Eran tantos los desmanes de la administración pública para el control del contrabando, que para fortalecer la vigilancia a tan graves problemas, fue necesario en 1719 la creación del Virreinato de la Nueva Granada, por fuera de la jurisdicción de Perú; pero a pesar del intento de reforma, el gobierno virreinal creado no pudo reprimir el contrabando y antes por el contrario intensifico la corrupción.

Era tanta, que la Corona tuvo que enviar a un abogado, una especie de fiscal, Antonio De La Pedrosa y Guerrero. Y anota el historiador Grahn: “Cuando Pedrosa llegó a Cartagena en septiembre de 1717, halló la ciudad en gran desorden financiero, con una administración corrupta; pero Pedrosa no pudo erradicar la corrupción. El comercio ilícito era una forma de vida local que ligaba a políticos, oficiales militares y comerciantes en una poderosa y obstinada camarilla de contrabandistas”.

Y el mal no solo ha sido potestad de nuestra cultura hispánica, Inglaterra en tiempos de Isabel I era totalmente corrupta, como también los países asiáticos que la han ido superando. Lo que sí queda claro es que los países que la controlan han logrado desarrollarse. Sin duda corrupción es igual a pobreza.

En Latinoamérica todavía es una pandemia, una enfermedad muy grave, enquistada, sistémica, es una forma de vida que tiene aceptación general, montada en un entramado que tiene definida una fórmula: C= M+D-R, es decir, Corrupción es igual a Monopolio (clase política y privados), mas Discrecionalidad (la del funcionario que la ejerce), menos Restricción (no hay control, no hay castigos). Atacar esta fórmula es según Robert Klitgaard, después de concientizarnos todos del grave problema que es la corrupción, el camino para empezar a desmontarla.

*Arquitecto Urbanista.

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