Paro Destructor

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Dicen que guerra avisada no mata, mentiras. Mata y hace mucho daño. Por esto no dejo de mirar con preocupación el Paro Nacional programado para el 21 de noviembre. Este es el resultado de reuniones de partidos y grupos de izquierda latinoamericanos como el Foro de Sao Paulo que intentan ferozmente desestabilizar los Gobiernos del Continente. Esto, sumado al inconformismo del pueblo, es una bomba peligrosa. Pero más peligroso aun es el resentimiento desmedido y las inquinas sociales que alimentan estos hechos y se han mostrando en las últimas manifestaciones.

Hay demasiados partidos políticos interesados en promover el odio y el rencor para alcanzar el poder. Sin ese odio, esos partidos perecerían o se volverían insignificantes; lo necesiten para dominar en política. Por eso lo alimentan y fortalecen. Resaltan las diferencias sociales y encuentran en el rencor su motor; odio entre clases sociales, entre ricos y pobres, entre burgueses y proletarios, entre derechas e izquierdas, entre cultos y analfabetos, entre jóvenes y viejos, entre obreros y empresarios. La idea es crear un inconformismo que genere caos. El resultado se suma a un pueblo que no está satisfecho con su situación, no ve futuro y tiene hambre. Estas personas llenas de desesperanza y rabia, sin nada que perder y financiadas por la izquierda saldrán a las calles a destruir. La violencia es una opción desesperada y trágica ante la impotencia. En ella está inscrita la cólera y la desmoralización que nos cobrarán rompiendo cuanto encuentren a su paso como hicieron en Bogotá y en Santiago de Chile.

Esto es lo más preocupante. Nos ha tomado mucho tener un Transcaribe cuyas estaciones destrozarán, los comercios que han batallado durante el año deberán ver cómo atentan contra sus vitrinas e intentan desvalijarlos. Robarán y destruirán como un huracán indomable. Al final, solo quedará más pobreza. Los policías se deberán enfrentar a manifestantes violentos sin poder hacer nada por defenderse. Cada día les quitan más herramientas para cuidarnos y protegerse ellos mismos. Los lanzan a las calles con escudos y como escudos pero sin ninguna posibilidad de actuar. Serán víctimas, humillados y heridos porque en este país tienen más poder y más derechos los maleantes que los militares. Hablan de los abusos de la Fuerza Pública cuando nos defienden, pero ellos deberán salir sin moral a estas manifestaciones donde saben que su posición es pasiva y denigrante. De esto se aprovecha el revolucionario, el instigador y el criminal.

El 21 de noviembre será un día difícil e inolvidable. Los grafitis y los monumentos pintados nos recordarán su horror. Quiero confiar en las medidas preventivas que tomará el Gobierno para mitigar los daños, y para que la presión vandálica no lo haga tomar medidas inconvenientes.

No estoy muy confiada, el estilo está dando frutos en otros países y se repetirán los esquemas.

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