Columna


Parque lineal Matute

JESÚS OLIVERO

25 de septiembre de 2015 12:00 AM

Un acierto de la administración distrital y departamental es mirar hacia los parques. Varios se han restaurado y es notoria la transformación del vecindario. Aunque falta retirar los avisos desagradables que vanaglorian los planes de gobierno de sus gestores, los espacios verdes de calidad son una necesidad inaplazable. En lo ambiental estamos lejos de empatar las deudas. Una es el Arroyo de Matute, la primera fuente de agua de la Heroica, hoy un típico canal cartagenero al final de su curso, atiborrado de basuras, un caño más sin dueño ni doliente.

Durante décadas, la ciudad fue engañada por los planes de saneamiento ambiental de caños y lagunas. Nunca ha habido tal, solo estrategias para adueñarse de terrenos construidos con sedimentos extraídos de los cuerpos de agua, según ellos, como pago por dragar. ¿Es eso sanear? El Cabrero es uno de los mejores (peores) ejemplos, con el Caño Juan Angola como testigo de la inmundicia que persiste y que el emisario no ha podido sofocar.

Ya es hora de reaccionar e intentar, así sea como experimento, regenerar al Arroyo de Matute, principal cuerpo de agua dulce urbano. Primero, la ciudad puede adquirir terrenos aledaños al Jardín Botánico y crear una barrera biológica para proteger los nacimientos, santuarios de la ciudad subvalorados por los emporios turísticos. Luego, iniciar un proceso, metro a metro, para recuperar el arroyo hasta la Ciénaga de la Virgen. Podríamos construir un parque lineal aledaño a Matute, reforestando con muchas especies, entre ellas de Caracolí, el árbol de los manantiales, como lo llamó Humboldt, quien quedó estupefacto con la belleza de la flora de Turbaco, en su visita de 1801. El parque iría hasta los volcanes de lodo y tendría un mirador, y con suerte, de allí se vería la Sierra Nevada de Santa Marta, como la vio el naturalista Alemán. 

Regenerar Matute tendría múltiples beneficios: el trabajo de la comunidad promovería la cohesión social y la seguridad; más oxígeno para respirar, menor temperatura local y mejor calidad de aire, menos problemas de salud por partículas, atracción de nuevos visitantes, desarrollo de puntos gastronómicos, y más importante, sería un laboratorio viviente para la educación y disfrute de todos.

Estas iniciativas hacen a las ciudades resilientes y son la base para hacerlas inteligentes y sostenibles. No para postulaciones o videos promocionales, sino para trabajar entre todos con planificación, apoyados en la comunidad, el sector privado y con la voluntad política de los gobernantes . Podemos hacer de la Cartagena periférica un lugar en donde la gente quiera vivir. 

*Profesor
@joliverov