Parte II. Salvemos a Cartagena: de las urnas, a la realidad

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Los cinco puntos abordados en la columna anterior forman parte de la hoja de ruta para salvar a Cartagena. En esta segunda pieza, como en toda secuela, se busca complementar el plan de acción en cuestión con tres elementos que son fundamentales para que Cartagena pueda aproximarse a la salvación. No existe una única e irrefutable formula médica para mejorar el estado de este distrito, pero es innegable que la vía propositiva es la clave para resolver la incógnita que día a día nos acecha.

¿Cómo salvar a Cartagena?

6. Sentido De Pertenencia

La población de Cartagena se caracteriza por su heterogeneidad. Si un día cualquiera realizamos un sondeo, identificaremos nacidos en el distrito, turistas, personas que habitan en otros municipios pero que laboran en la heroica, desplazados por el conflicto armado, inmigrantes venezolanos, y extranjeros y nacionales que tomaron la decisión de residir en Cartagena, entre otros componentes de esta mixtura demográfica. Este mismo encuentro de mundos dicotómicos en un territorio comprimido, dificulta la consolidación de un sentido de pertenencia colectivo, situación a la que también se suma la desilusión, el rechazo, y la impotencia que ha generado en la ciudadanía la realidad desalentadora que ha apreciado en la historia reciente de Cartagena. Al adentrarnos en ésta, identificamos espinas como la inestabilidad gubernamental, el estancamiento en materia de desarrollo y calidad de vida, la promoción de Cartagena como destino turístico sexual, y las “invasiones” frecuentes por parte de algunos turistas irresponsables e irrespetuosos, que han producido heridas en el frágil tejido del sentido de pertenencia cartagenero, que aún, no ha podido sanar.

Ciertamente, el amor por Cartagena, como todo amor, puede florecer, tan sólo hay que trabajar diariamente para no dejarlo marchitar. Considerando este panorama, en aras de fortalecer el sentido de pertenencia en este distrito, es preciso: 1. Realizar un censo de los individuos que dependen de manera informal del turismo, y aparte de darle orden a este sector y coordinar una estrategia de formalización, es necesario concientizar a este grupo poblacional que Cartagena es la vitrina de su negocio, mientras que este territorio se encuentre en óptimas condiciones, van a seguir recibiendo clientes, y que en tal virtud, deben aportar su granito de arena para ejercer sus actividades de manera organizada, higiénica, eco amigable, y con precios justos y tratos amables; 2. Aunar fuerzas con la Cámara de Comercio para que todas las personas naturales y/o jurídicas relacionadas de manera directa o indirecta con el turismo, también sean incluidos en la población objetivo de la campaña de concientización que se mencionó en el punto inmediatamente anterior; 3. Firmar un “Pacto por Cartagena”, uno a uno, con todos los actores expuestos en las dos numeraciones anteriores, mediante el cual cada uno de éstos se comprometa a cuidar a Cartagena y a multiplicar ese mensaje diariamente con todos los que tienen contacto, y que periódicamente la administración distrital los visite para evaluar el cumplimiento de los compromisos adquiridos; 4. Implementar una estrategia de promoción de ciudad incluyente, por medio de la cual los turistas y la población que reside en el distrito, entiendan que Cartagena es de su propiedad, que ellos hacen parte de este territorio y viceversa, y que así, se apersonen del cuidado y protección de la misma (por ejemplo #SomosCartagena, o #CartagenaNuestra); 5. Hacer presencia permanentemente, a través de la fuerza pública, en los espacios y vías turísticas de Cartagena, no sólo con el fin de garantizar la seguridad de la población, sino también de imponer sanciones a los individuos que incumplan la normatividad (control de los turistas irresponsables); 6. Realizar operativos contundentes contra las redes de narcotráfico, microtráfico, prostitución, y de organización de eventos clandestinos, estos lunares no pueden seguir empañando la belleza de Cartagena; 7. Garantizar que la población que habita en las zonas turísticas de Cartagena o en sus inmediaciones, pueda tener una vida medianamente normal en las épocas de elevado turismo, como en el distrito no se identifica esa separación entre la zona turística, y la residencial, que sí se contempla en otros destinos turísticos, es vital que la Alcaldía de Cartagena emprenda iniciativas para que este conglomerado ciudadano sea afectado lo menos posible en las “temporadas altas” (planes de choque para asegurar la movilidad en determinados espacios de la ciudad, trabajo en llave con los supermercados que se ubican en estas zonas en cuestión para que éstos reserven parte de su inventario para los residentes, y alta presencia de las autoridades en estas áreas residenciales para vigilar el comportamiento de los turistas, entre otras medidas); 8. Escuchar las problemáticas del día a día de la población y solventarlas, para así potencializar la percepción de desestancamiento o de progreso que tanto requiere Cartagena; 9. Evitar escándalos y polémicas en el sector público, ya es suficiente con haber tenido doce alcaldes en tres periodos de gobierno como para seguir esa línea de inestabilidad gubernamental, es fundamental enfocarse en producir resultados desde la administración pública; 10. Integrar a la sociedad civil a la toma de decisiones; 11. Lograr que en todas las instituciones educativas de Cartagena se dicte una materia, en varios grados escolares, relacionada con el civismo, la cultura ciudadana, y el sentido de pertenencia, y se promuevan campañas internas de ese estilo; 12. Establecer contacto con la Cámara de Comercio, y ejecutar capacitaciones en civismo, cultura ciudadana, y sentido de pertenencia con las plantas de personal de las personas naturales y/o jurídicas que operan en el distrito; 13. Liderar un programa de intervención, recuperación, modernización, y mantenimiento del espacio público en Cartagena, es más fácil que la población presente sentido de pertenencia por una ciudad embellecida y ordenada, que por un territorio descuidado, “todo entra por los ojos” (el mejoramiento de parques, plazas, mercados, y andenes, así como la optimización de la iluminación y la construcción de nuevas piezas constitutivas del espacio público, son trascendentales); 14. En concordancia con el punto inmediatamente anterior, en esas jornadas de recuperación del espacio público es esencial promover la siembra de árboles y otras plantas que le den vida a la ciudad, y dentro de esa lógica, impera fomentar la adopción de estas especies de flora por parte de la comunidad, con miras a que ésta sienta que tiene una parte de Cartagena, y viceversa; y 15. En los barrios en los que más comparendos se hayan impuesto en el marco de durabilidad del Covid-19 (en cierto grado indica la existencia de vacíos en materia de cultura ciudadana), es necesario priorizar la ejecución de una campaña casa a casa que busque fortalecer los niveles de civismo, cultura ciudadana, y sentido de pertenencia.

7. Comunicación Para Llegar vs Comunicación Para Gobernar

La estrategia comunicacional a la que apela un candidato para obtener una victoria electoral, difiere de la que debe utilizar cuando se posesiona como gobernante. Así las cosas, el área de comunicaciones de la Alcaldía del Distrito de Cartagena en este cuatrienio presenta tres grandes retos: 1. Superar el enfoque monotemático de lucha contra la corrupción, el deber es informar sobre los avances que se evidencian en todos los sectores de la administración pública (educación, salud, vivienda, servicios públicos, empleo, seguridad, turismo, transparencia en la administración, y movilidad, entre otros), la evolución del plan de desarrollo, y las decisiones y acciones diarias vinculadas a la administración distrital, entre otros aspectos; 2. Lograr que el flujo de información sea claro y constante, en lo posible diseñar un programa comunicativo en formato de video que se transmita de manera permanente en las redes sociales institucionales, buscando así combatir la desinformación o los fake news, y a su vez establecer un vínculo más estrecho con la ciudadanía; y 3. Emprender una campaña comunicacional que genere unión en la población que habita en el distrito, puesto que, actualmente, se identifica una sociedad cartagenera polarizada, dividida entre los partidarios de Dau y sus críticos. En lo que respecta a este último punto, es vital que el material informativo no genere más divisiones, que se focalice en la exposición de resultados, ya que éstos van más allá de los gustos, preferencias o tintes políticos. Hoy, Cartagena necesita resultados, y a medida que se vayan obteniendo impera comunicarlos, así, se pueden limar las asperezas existentes de la forma en la que todo gobierno debe hacerlo: con trabajo efectivo y constante.

8. Las Tres Rs (Rendición de Cuentas, Retroalimentación, y Reflexión)

En Cartagena se requiere absoluta transparencia en este periodo de gobierno. Si de por sí los entes de control siempre han ubicado su lupa justo encima del distrito, al encontrarnos en un marco de pandemia, y al haberse presentado diferencias entre el actual alcalde y la Procuraduría General de la Nación y la Contraloría General de la República, en tan sólo el primer semestre de este cuatrienio, ahora más que nunca los ojos están puestos sobre la heroica. Considerando que Dau, al haber sido veedor, comprende la importancia de la participación ciudadana y del acceso público y fácil a la información gubernamental, es fundamental que anualmente genere espacios incluyentes de rendición de cuentas. El grueso de los gobernantes utilizan esos actos de accountability como meros procesos protocolarios, e incluso, los convierten hasta en shows que hacen recordar los tiempos electorales. Esto se afirma, porque se evidencia como socializan con mayor efusividad y publicidad las cifras que les convienen, y desbordan la capacidad del recinto de la rendición con la presencia de los conocidos comités de aplausos, que además de contar con carteleras, pendones, y demás elementos visuales, parece que siguieran un guion; ya que todos aplauden de manera simultánea en los puntos de clímax de la reunión, tal y como en las mejores épocas de “Aló Presidente” en Venezuela. La Alcaldía del Distrito de Cartagena no puede incurrir en ese error, debe organizar macroespacios de rendición de cuentas; convocar a éstos a la totalidad de los actores relacionados con Cartagena (servidores públicos, sector privado, academia, medios de comunicación, gremios, sindicatos, asociaciones, ONGs, entidades sin ánimo de lucro, y a la ciudadanía en general, entre otros) y escuchar sus opiniones; y transmitir la rendición de cuentas en vivo en las redes sociales institucionales y habilitar la participación a través de un mecanismo virtual que recopile los comentarios y recomendaciones de la población. La administración distrital debe tabular la información emitida por la sociedad civil cartagenera, estudiarla, publicarla, y emprender acciones para solventar cada una de las problemáticas y/o inconformidades planteadas. Así, año a año, se analiza el cumplimiento del plan de desarrollo desde la óptica ciudadana, y se realizan las correcciones correspondientes para optimizar el accionar de la alcaldía distrital.

El Alcalde Dau se enfrenta a un gran desafío, en este periodo de gobierno no sólo debe enfocarse en avanzar como lo hace cualquier otro gobernante, sino también en intentar reducir el rezago que presenta el distrito en materia de progreso por los procesos de gobierno interrumpidos en los dos cuatrienios anteriores. Esto debe adelantarlo, considerando siempre que el gobierno es del pueblo, por el pueblo y para el pueblo, y hoy, lo que justamente el pueblo pide a gritos, es resultados. Frenar la corrupción no es un fin, es un medio para maximizar el presupuesto distrital y eliminar diversas trabas burocráticas, de tal manera que se puedan alcanzar mayores niveles de desarrollo y calidad de vida. El bienestar de la ciudadanía es el verdadero objetivo, los cartageneros se merecen lo que por desgracia sus gobernantes no les han brindado. Si el Covid-19 nos ha impulsado a algo, es a la reflexión, y si los gobernantes no le han dado la talla al pueblo en la historia reciente de Cartagena, tal vez este último debería cuestionarse qué tipo de políticos está eligiendo en las urnas. Para que Cartagena se salve necesita de su misma gente, que vote con opinión; que participe en la construcción del plan de desarrollo, la elaboración de los presupuestos anuales, y en la toma de decisiones; que exija rendiciones de cuentas; que realice propuestas en los espacios de retroalimentación; y que ejerza veeduría constante e interponga denuncies cuando identifique anomalías o irregularidades. La población debe entender que independientemente del gobernante que haya elegido, el poder es del pueblo, y que en el mundo moderno existen infinitas herramientas para que la administración de turno acceda a la voluntad de la ciudadanía. Es muy fácil emitir quejas y juicios desde las redes sociales, hoy todos somos verdugos cibernéticos, pero para salir de la zona de estancamiento cada quién debe dirigir su dedo acusador hacia a sí mismo y preguntarse ¿y yo qué hago para salvar a Cartagena? En ese momento de autocrítica, se debe reconocer que algo de culpa tenemos en todo lo que ha sucedido, y que debemos aportar nuestro granito de arena para enderezar el camino de nuestra amada tierra ¡Salvemos a Cartagena, no es la bandera personal de Dau, es el grito de guerra que cada uno debe emitir desde sus adentros para enfrentar la más dura batalla: la que debe tener cada cartagenero consigo mismo!

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