Columna


Paz, inequidad y corrupción

JESÚS OLIVERO

JESÚS OLIVERO

24 de febrero de 2017 12:00 AM

Una de las esperanzas de los colombianos con la paz era disminuir la inequidad creciente en el país. La muerte lenta de la equidad, estocada por el monstruo de la corrupción, desaparece las pocas posibilidades de alcanzar la sostenibilidad en toda la sociedad. Mientras los bancos no encuentran cómo sacarle un centavo más a los desvalijados ciudadanos, y las corporaciones evaden impuestos con ganancias celestiales, los corruptos siguen tan campantes, sin temer escándalo alguno, ni mucho menos ir a la cárcel por unos cuantos años, si acaso. Y la población recibe más impuestos, y menos obras y acciones; y la pobreza, sin remedio, le inunda la vida a los ciudadanos. 

Mi principal razón para votar por el Sí fue suponer que sin guerra, el presupuesto nacional por fin daría un respiro a la educación y la salud. Los hechos demuestran que las palabras murieron sobre las intenciones. El presidente, investido de Nobel, sugirió que los recursos de regalías para ciencia tecnología e innovación, fuesen utilizados por los gobernadores para hacer carreteras. Ante a universidades públicas cada día menos financiadas, las regalías aliviaban los intentos por hacer ciencia, especialmente cuando la entidad rectora, Colciencias, no recibe los fondos necesarios para promoverla.

La situación es tan dramática que este año, sólo una mínima fracción de los aspirantes a becas doctorales recibió apoyo.  Así, ‘Colombia, la más educada de América Latina’, uno de los programas banderas del Gobierno, es un espejismo populista, vivo en tinta y papel, pero muerto en la realidad de una educación pública no destacada en el ámbito hispano, para no compararnos con países inalcanzables.

Si un porcentaje decente del dinero de la guerra se usara en la educación, no habría necesidad de aumentar la mermelada de la contratación para los gobernadores, endulzándoles la conciencia para que en vez de promover la investigación y fortalecer las universidades públicas, usen estos recursos para carreteras, especialmente ahora, cuando esta actividad está bajo la sombra de uno de los peores episodios de corrupción del país.

En nuestros países, la mejor forma de debilitar la democracia, haciéndola susceptible al chanchullo, es intervenir y frenar todo intento de educación pública con calidad, suprimiendo los esfuerzos para generar nuevo conocimiento. Entre menos argumentos académicos y científicos existan sobre nuestros problemas, menos gente habrá quejándose y más fácil será comprar sus conciencias, el eterno círculo de la ignorancia, la corrupción y el poder.

*Profesor

@joliverov

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