Pico y placa

ENVIAR PÁGINA POR CORREO

Llegó el momento en que la congestión en la ciudad era inmanejable, la cantidad de vehículos de todo tipo era tal que la movilidad se vio comprometida y los accidentes y trifulcas eran pan de cada día. Corría el remoto año 45 a.c. cuando Julio César declaró la prohibición del tránsito de vehículos en el centro de Roma excepto, claro está, para los que transportaban sacerdotes, funcionarios y ciudadanos de alto rango. La medida solucionó muy poco y terminó siendo transitoria.

Más recientemente, problemas de movilidad y la gravísima contaminación ambiental obligaron a que ciudades como Atenas (1982), Santiago de Chile (1986), Ciudad de México (1989) y Bogotá (1998) restringieran el uso de vehículos por el último dígito de su placa, especialmente en las horas de mayor pico de congestión vehicular. A estas medidas se les conoció popularmente en nuestro medio como “pico y placa” y pretendían sacar de circulación, temporalmente, 10 a 20 % del parque automotor. Años después la medida se amplió a más vehículos y más horas en el día. Con las resultas que los conductores de mayores ingresos compraron un segundo automóvil, generalmente más viejo y más contaminante. Dicen los investigadores que, cuando una ciudad no cuenta con transporte público de calidad, la medida fracasa porque los conductores de ingresos bajos o medios madrugan más para evitarla y los de ingresos más altos compran un carro adicional. Con lo cual no mejora ni la calidad del aire ni la circulación.

Un estudio colombiano, publicado en el International Journal of Enviromental Research, demostró que cuando aumenta la contaminación vehicular e industrial, en las siguientes 72 horas se incrementan los ingresos a urgencia de niños menores de 10 años, adultos con enfermedades crónicas respiratorias y cardiovasculares y de personas mayores de 60 años. Para mejorar la calidad del aire se requieren billones de pesos para modernizar el parque automotor, usar tecnologías limpias y desintegrar vehículos contaminantes.

Décadas de fracaso han demostrado que el “pico y placa” no resuelve nada y solo aplaza las verdaderas soluciones a la congestión y a la contaminación. Sesudas investigaciones han demostrado que el cobro por congestión (fijar precios y cobrar por el uso de las vías) es más eficiente que el pico y placa. Especialmente si los ingresos se usan en una solución definitiva (así ocurrió exitosamente en Londres). Claro, vaya a ver cómo se perdería ese dinero por estos lares.

Y en nuestra Cartagena, para aprender de los fracasos del pasado y evitar que se sigan dilapidando vigencias futuras, las verdaderas soluciones serían: promover cultura ciudadana; garantizar el buen estado de las vías; y planear a corto y mediano plazo un verdadero sistema masivo de transporte público que incluya el olvidado transporte acuático.

*Profesor Universidad de Cartagena

TEMAS

Ahora te puedes comunicar con El Universal a través de Whatsapp

  • Videos
  • Mensajes
  • Fotos
  • Notas de voz

cuando seas testigo de algún hecho noticioso, envíalo al: 321 - 5255724. No recibimos llamadas.

LEA MÁS SOBRE Columna

DE INTERÉS