Pídele a los fantasmas que vuelvan

ENVIAR PÁGINA POR CORREO

Hernando Mouthón Yamal fue mi profesor de Química, pero realmente oficiaba como experto ‘Caza-fantasmas’. Graduado de médico en la Universidad de Cartagena, a finales de los años 40, poseía una prodigiosa memoria adoquinada con la paciencia de Job.

Ceremonioso, siempre amable, vestía chaqueta de lino, zapatos resplandecientes y camisa almidonada. Iniciaba su clase a las 7 am, armando y desarmando los laberintos de la tabla periódica de Mendeleiev; pero inmancablemente restando 15 minutos para las 8, nos leía apuntes de su cosecha titulados: ‘Aunque pudiera creerse lo contrario’, abriendo de par en par todos los ventanales de la imaginación, desenrollando la madeja de hilos invisibles que entretejen la epidermis de valles, montañas y praderas; el péndulo de la historia, los enigmas de las pirámides de Egipto, la vida sembrada más allá de los sentidos y lo minúsculo como espejo del universo. Durante esos relatos el maestro usaba toda su alquimia mezclando ciencia y ficción, logrando el milagro de que, aún los briosos e indómitos hermanos Yacamán, quedaran hipnotizados. Sinceramente, fue muy poco lo que aprendimos de Química, pero nos invitó a soñar sin otro techo que el firmamento.

Antes de partir definitivamente al mundo de los meteoros, me citó a la humilde vivienda que habitada con su numerosa familia, entregándome el más preciado tesoro que poseía, a ver si alguna casa editorial se animaba a publicar aquella meticulosa recopilación de mitos y fantasmas de Cartagena de Indias, titulado ‘Al margen de la verdad’: La venganza del diablo, La Bahía de las Ánimas, El fantasma de La Tenaza, El hombre sin cabeza, El tintineo del ávaro, La mano peluda, El cochero sin cabeza, La monja rezandera, La carroza de la muerte, La bola de candela, en fin, todas y cada una de esas apariciones que sembraron temor en el ‘Corralito de Piedra’ desde la Época Colonial hasta mediados del siglo XX. Incluía también ‘Planos fantasmales’ y un cuadro sinóptico, con precisas instrucciones para contactarlos, salvando, eso sí, su responsabilidad en caso de perturbaciones mentales, desapariciones o perplejidades incurables.

No quise desanimar a mi cándido profesor, pero aquí en Cartagena ya nadie cree en fantasmas y, con la inseguridad desbordada , saldrían despavoridos temiendo les arrebataran sus trinches incandescentes o los violaran, una y mil veces, sin quitarles el capuchón. ¿Pero quién quita? Tal vez se quedarían disfrutando, eternamente, las noches hechizadas y lujuriosas de ‘La Madame’.

TEMAS

Ahora te puedes comunicar con El Universal a través de Whatsapp

  • Videos
  • Mensajes
  • Fotos
  • Notas de voz

cuando seas testigo de algún hecho noticioso, envíalo al: 321 - 5255724. No recibimos llamadas.

LEA MÁS SOBRE Columna

DE INTERÉS