Planificación urbana en América Latina

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Durante la segunda mitad del siglo XX, las ciudades latinoamericanas completaron un ciclo de crecimiento demográfico en un par de décadas, mientras que a otras naciones urbanizadas e industrializadas les tomó más de cien años. La migración rural-urbana fue uno de los factores que impulsó este rápido crecimiento. Como resultado, el grado de urbanización de América Latina fue acercándose al de otras regiones más desarrolladas.

Con la urbanización llegaron retos importantes para las ciudades en la región. Debía desarrollarse la infraestructura urbana para atender las demandas crecientes en bienes y servicios. Pero más allá de lo anterior, se requerían mayores esfuerzos en materia de ordenamiento territorial y, en general, en planificación de las ciudades. Esto último resultaba indispensable, no solo para facilitar el acceso a la vivienda y servicios públicos, sino para garantizar un crecimiento ordenado, mejorar la movilidad y conectividad, separar usos incompatibles de suelo y minimizar el daño ambiental.

Para responder a las necesidades que imponía la rápida urbanización, aparecieron los primeros organismos de planeación. Estos se encargaban de la elaboración de planes de desarrollo urbano con propuestas concretas para guiar el crecimiento de las ciudades. Estos organismos debían trabajar en la ejecución de dichos planes, los cuales tropezaban con un conjunto de instituciones incapaces de llevarlos a cabo.

Esta tarea es uno de los mayores retos de las ciudades en América Latina. Gran parte de nuestras urbes carecen de adecuados procesos de planificación y aunque se cuenta con marcos regulatorios, en la práctica la calidad de vida urbana deja mucho que desear. La reacción de los gobiernos locales ante la demanda que impone el crecimiento demográfico sigue siendo lenta. La tramitología, las aprobaciones varias, las consultas previas, la poca gestión y la corrupción lleva a que el rezago en la oferta de bienes y servicios urbanos sea mayor con el paso de los años.

A pesar de la cruda realidad, hay experiencias positivas en planificación urbana que dejan huellas en la organización de ciertas ciudades. Las ciudades presentan ciclos con auges y retrocesos en su ordenamiento urbano. Aquellas que construyen procesos sólidos de planificación muestran avances que se mantienen aún en momentos de crisis. La tradición permite una recuperación más rápida que en lugares con escaza planificación. Lo importante es que son tendencias que se pueden modificar y que requieren de una sostenibilidad en el tiempo para lograr cambios en el bienestar de los ciudadanos.

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