Columna


Pobreza y hambre

EDUARDO GARCÍA MARTÍNEZ

09 de enero de 2021 12:00 AM

Es de sobra conocido que Cartagena tiene a gran parte de su población pasando física hambre. No es un fenómeno reciente pero sí agudizado por la pandemia del coronavirus. Las condiciones sociales son extremadamente lamentables y a pesar de plantearse soluciones para ese gravísimo problema, respaldadas en estudios e investigaciones académicas, no se ha logrado voluntad política para hacerlas posible. Este drama no solo avergüenza, sino que muestra a la dirigencia cartagenera sin rumbo e incapaz de asumir los retos que le demandan sus comunidades, ahogadas en exclusión, indolencia, discriminación, desigualdad.

No hay excusas para continuar en la inacción, dejando que la tercera parte de la población se hunda en un pantano de necesidades crecientes. Investigadores del Banco de la República han sido reiterativos en sus diagnósticos sobre el problema de la pobreza y el hambre en Cartagena, pero no aparecen salidas a pesar de exponerse las formas de superarlo, con sus debidos canales de financiación.

El hambre es solo una de las caras de la pobreza, la más visible y visceral. Pero en las barriadas más pobres se estimulan, desde fuera, la vulgaridad, la irresponsabilidad, la mediocridad, como si fueran inherentes a la cultura popular, para mantener a la gente en la ignorancia y despreocupada de su triste realidad. Es otra forma de dominación. El reciente video de niños tomando licor y bailando con desplantes de adultos en una fiesta sin dolientes, es una muestra de ello. Sin educación, la pobreza causa más estragos.

Combatir la pobreza hasta vencerla es el reto principal que debe asumir la dirigencia cartagenera. Esta es la megaobra que requiere la ciudad. Se necesitaría una política pública que despeje el camino y dos billones de pesos para torcerle el cuello al cisne, en 12 años. Expertos proponen deuda pública, aportes del Distrito, la Nación, la empresa privada y cooperación internacional.

Una ley del senador cartagenero Fernando Araújo propone un fondo para acabar la pobreza de aquí a 2033, cuando llega la ciudad a sus 500 años de fundación. La ley fue demandada por presuntamente socavar el principio de autonomía territorial, e imponer una especie de tutoría desde el gobierno central. Araújo reitera que sus beneficios son innegables.

Sea cual fuere la figura para conseguir los recursos, lo importante es actuar para enfrentar y vencer la pobreza, que carcome las bases sociales. De continuar la desidia, Cartagena seguirá hundiéndose en su propio fango, anclada en un desarrollo excluyente, ciega ante el porvenir y sobrepasada por otras ciudades que aprendieron a navegar hacia otros rumbos.