Columna


Policías amigos

MAURICIO IBÁÑEZ

20 de septiembre de 2020 12:00 AM

Siempre he pensado que debemos ser amigos de nuestros policías. Para ello es menester que inspiren profesionalismo, respeto, seriedad en su comunicar y en su actuar. Una comunicación certera acercaría a la comunidad con la Policía y disminuiría la delincuencia. Cuando me mudé a un barrio nuevo en Bruselas, en 1992, recibí una visita no esperada de dos policías. Querían conocernos, saber cómo vivíamos. Les ofrecí café y se sentaron en nuestra sala y a la media hora, con un apretón de manos dejamos de ser extraños los unos con los otros. Pensé que algo parecido saldría cuando organizaron lo de los cuadrantes de barrio. Quizás, si el estudiante Ordónez hubiera tenido una experiencia similar en su barrio, en esa fatal noche, los policías le hubieran invitado a dirigirse a su casa y se hubieran quedado con él escuchando sus problemas expuestos por el alcohol. Se necesita mayor entrenamiento y capacitación en la policía.

Cuento aparte es si considero como ciudadano soberano pedirle a la policía que acompañe a una marcha pacífica, y en especial, sabiendo que ha habido comportamientos agresivos y complejos por parte de intereses buscando desdibujar las buenas intenciones con tintes extremistas. Los impuestos que pago al gobierno entre IVA, retenciones y otros tantos, contribuyen a pagar el salario de todo funcionario, incluida la Policía, así que no tengo ningún interés en que la Policía se guarde si hay una marcha en el contexto actual, y por el contrario, como marchante pacífico me interesa que la policía siga presente y nos proteja, como corresponde en una democracia civilizada. Así que yo rechazo las palabras desesperadas y prepotentes de nuestro alcalde William Dau. No señores policías. No se guarden. A ustedes los necesitamos para proteger la honra y los bienes de los ciudadanos del común, que no estamos pensando en violencia ni delincuencia, pero no por eso vamos a renunciar a nuestro derecho de ser protegidos.

Colombia camina hoy sobre el endeble techo de un almacenamiento de nitrato de amonio esperando cualquier detonante. Un paso en falso y la patria como la hemos conocido volará en mil pedazos para no recomponerse más nunca. No es momento de mandar a la policía, y a ninguna autoridad llamada a protegernos, a guardarse. Todo lo contrario. Lo que necesitamos es protección.

Llama la atención que la palabra responsable no aparece por ningún lado, y me quedan dudas sobre si están nuestros gobernantes abusando de la Constitución, ignorando que la violencia surge cuando ciudadanos y gobernantes dejamos el valor de la responsabilidad sin dolientes.

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