Columna


Por siempre 21

RUBÉN DARÍO ÁLVAREZ P.

10 de abril de 2021 12:00 AM

Existe una discriminación con serias repercusiones sociales, tanto como las otras discriminaciones ya conocidas: de género, orientación sexual, económica, religiosa, ideológica, étnica, etc. Se trata de la discriminación por edad, o el ya conocido “edadismo”.

HelpAge Internacional lo explica mejor:

“La Organización Mundial de la Salud (OMS) define el edadismo como ‘los estereotipos, los prejuicios y la discriminación contra las personas debido a su edad’. En un debate organizado por HelpAge, en el que participaron personas mayores, ellas mismas lo definieron como ‘... acciones directas o indirectas por las cuales alguien es excluido, considerado diferente, ignorado o tratado como si no existiera, por su edad’”.

Esto no solo la sufren los mayores de 50 o 60 años cuando buscan empleo o intentan realizar otros tipos de actividades, como el deporte y las artes. También la padecen los jóvenes a quienes, de manera absurda, se les exige una altísima experiencia para iniciarse en el mundo laboral, pese a las leyes que facilitan hoy el acceso al primer empleo.

Muchos autores consideran que los culpables son los medios de comunicación por imponer un modelo de vida en el cual todos debemos ser unos jóvenes eternos: “Forever 21”. Y en esa noción básica se soportan muchos aspectos del consumismo, el desear ser eternamente rozagantes.

La discriminación por edad surge de creencias y valores que obligan a ver como no natural el desarrollo del ser mismo. “Si el viejo pudiera y el joven supiera, la cosa sería otra cosa”, dice una voz popular. Viene de una cultura que no acepta el envejecimiento y tampoco el hecho de ser muy joven, como si estas no fueran etapas naturales que hay disfrutar. Lo peor es que hoy es una práctica ejercida por instituciones de todo tipo y, sobre todo, por el mismo Estado.

En otras sociedades con fuertes tradiciones de buena consideración por la vida, se respetan tanto a viejos como a jóvenes y se entiende que cada etapa de la vida es bella y debe ser valorada.

Este rasgo, que se encuentra ya en muchos aspectos de nuestra sociedad y modela comportamientos de consumo, no es más que la herencia del pret-a-porter de ese intento de democratizar la moda. Pero que al tiempo la convierte en desechable, pasajera, accesible, trend. Lo absurdo es que se extienda a lo largo de nuestros horizontes de vida como si estas fueran unos guardarropas.

Por cierto, la famosa tienda Forever 21, que cimentaba sus ventas de ropa fast fashion o moda rápida, quebró y tuvo que cerrar más de 350 tiendas en todo el mundo. Lo que quiere decir que toda la economía no se soporta sobre los jovencitos, se soporta sobre padres que desean otorgar bienestar a sus hijos.

*Escritor.

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