Columna


Por ti, por mí, por todos...

Myriam Lourdes de Rodríguez

15 de enero de 2022 12:00 AM

Estos dos últimos años parecen uno solo. Se nos ha roto el alma viendo partir a tantos seres queridos, viendo sufrir a tantos amigos, sufriendo nosotros mismos por este perverso virus. Todavía no conocemos en realidad sus alcances. La justificación de la partida de vacunados siempre querrá ser su edad, su “comorbilidad” y si no, “algo que tenía y no se habían dado cuenta”. Y la partida de los otros, será por “su culpa”, por no haberse vacunado. Tiempo de incógnitas, de luto.

Dos años donde se pensaba nos volveríamos más humanos, compasivos y sensibles, pero que nos crearon una realidad virtual y hechiza, al punto que, la dificultad de comunicación entre las personas se aumentó, y las relaciones que se salen de la pantalla presentan tremendos desafíos, pues nos volvimos inodoros, desabridos, sin más realidad que la que mostramos en fotos y vídeos, totalmente lejos del ser humano con todas sus funciones físicas y fisiológicas, que hoy, decepcionan. Creamos un mundo ficticio para la educación, para el trabajo, ¡para la atención médica! ¿Los doctores de mi asma me oirán los pulmones por teléfono? ¡Dios!

En un principio se temía que el número de vacunas no fuera suficiente, y de repente parece que hay sobreoferta, que ya alcanza para todas las edades y promueven cual oferta: ¡Vacúnate ya!

Y no es que yo sea pro o contra vacuna, pero sí me resultan curiosos los recientes decretos de obligatoriedad de vacuna para los trabajadores que tengan contacto directo con el público, dizque para “proteger a los clientes”, como si la vacuna evitara el contagio y/o la transmisión del virus. ¿Cuántos “recontravacunados” presentan su carné a la entrada estando “recontrapositivos” y terminan contagiando a un montón, que “confiados” se relajan y conversan sin tapabocas creyendo estar blindados? ¡Señores! La vacuna es un estimulante del sistema inmunológico que, a algunos les funciona, mientras que otros, ni con diez dosis fabrican anticuerpos. ¿Entonces? ¿Habrá que pedir carné de vacunación y prueba diaria para tener la certeza de que ese trabajador vacunado no está positivo? Jum... Ya son muchos amigos enfermos de COVID-19 con tres dosis puestas, unos con levedad, otros no... Y gente de todas las edades. ¿No será tiempo de que el Gobierno pida a las EPS que hagan prueba obligatoria de anticuerpos, para saber cómo está respondiendo el organismo de cada uno de nosotros? Tal vez no se necesitarían tantas dosis y a las personas a quienes su sistema inmunológico no responde, ayudarles a protegerse y a tomar medidas más extremas. Con vacuna y sin vacuna estás expuesto, te puedes contagiar y contagiar a otros.

Esto no se ha ido. Cuidémonos todos, a ver si algún día podemos volver a abrazarnos, a sentir nuestros aromas, alientos y humores, el calor y humedad de nuestra piel, y podamos ver otra vez la boca, la quijada laxa y la sonrisa libre de los humanos... ¡Para volver a vivir!

¡Usa tapabocas! ¡Lava tus manos! ¡Quiérete y quiéreme!

La fuerza del amor nos arrope a todos.

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