Proyecto Ciudad

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Si leemos los programas de gobierno de los últimos alcaldes de Cartagena veremos un importante detalle: todos prometen hacer y continuar lo estancado pero ninguno deshacer las cosas mal hechas. Prometen hacer, pasando por encima de lo mal hecho.

El modelo de crecimiento de la ciudad es insostenible a mediano plazo en sectores que entusiasman a gobernantes y particulares. Por ejemplo: la tendencia a construir grandes edificios en los frentes de playa, la incorregible costumbre de rellenar legal e ilegalmente cuerpos de agua para uso comercial, el desdén ante la amenaza ambiental, la tendencia a privatizar lo que el mismo sector público dejó deteriorar.
En los programas no se señalan correctivos a las violaciones del Plan de Ordenamiento Territorial ni a los cambios arbitrarios y consentidos al uso del suelo. No se habla de los frenos al deterioro gradual del patrimonio histórico y cultural, atenazado por las picardías de los especuladores del suelo.
El modelo de desarrollo vigente prevé una mayor saturación de la bahía con marinas en lugares que deberían destinarse a la creación de espacios públicos y de recreación. Se habla de la extensión del saturado modelo hotelero del centro histórico hacia Getsemaní, pero no de la amenaza que eso representa para la población que aún resiste en el sector.
Cuando se sostiene que las marinas jalonarán el progreso de la ciudad y la pondrán a bailar al ritmo de los grandes puertos del Caribe, se olvida que ese proceso marcará un retroceso en el derecho ciudadano al espacio público, que los promotores y usuarios de esas marinas tendrán seguramente altos beneficios, pero en detrimento de la población expulsada del lugar.
El encarecimiento del suelo destinado a la construcción es escandaloso. A ningún gobernante se le ha ocurrido poner freno al disparate especulativo ni ejercer control a la invasión de tiburones del sector inmobiliario.
Crespo mantenía el equilibrio de casas familiares y construcciones de 4 pisos. En pocos años será un vecindario de edificios de apartamentos de 10 y más plantas sin identidad, con el precio de la vivienda triplicado. La misma tendencia acabó con el tradicional barrio de Manga, hoy una Mangattan caribeña con metro cuadrado a 5 y 6 millones de pesos.
En Cartagena hay muy buenos arquitectos, pero me pregunto si hay urbanistas con sentido humano de ciudad. No soy urbanista, claro. Soy un ciudadano que padece las consecuencias de una planeación urbana que ha contribuido, en cambio, a que lo torcido e insostenible se vuelva norma.
Un buen Proyecto Ciudad tendrá que asumir en el futuro estos desafíos, no los simples y no siempre beneficiosas propuestas de los grandes negocios. No hay mejor negocio que la sostenibilidad humana. Tal vez sería ya hora de decir más NO que SI, y no avanzar si no se corrige antes lo mal hecho.

*Escritor

collazos_oscar@yahoo.es
 

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