Columna


Psicopatía y política

Christian Ayola

16 de junio de 2022 12:00 AM

Los rasgos de personalidad según Albert Allport son compartidos por muchos individuos, pero es el sistema de creencias, la forma como procesamos la información, como construimos los pensamientos y razonamos, asociada al repertorio de respuestas emocionales aprendidas y reforzadas dentro de un contexto cultural, lo que finalmente marcará la forma de ser. Aunque al final, no es el peso específico de cada una de estas variables, sino la consciencia que tenemos de nosotros mismos y la autodeterminación cualitativa en el entorno social, lo que definirá quiénes somos. El todo resulta más que la suma de las partes. Decía Sartre: “Cada hombre es lo que hace con lo que hicieron de él”.

Psicópata, etimológicamente tiene doble significado, podría usarse para designar a un enfermo mental, pero en clínica psiquiátrica convencionalmente se utiliza para denominar a aquellas personas que la literatura ha inmortalizado como criminales excepcionales, con apariencia de normalidad, sin ápice de conciencia moral. El término “psicópata” se comenzó a aplicar en Alemania, a finales del Siglo XIX, en el año 1941 la noción del psicópata fue firmemente establecida con la publicación del libro ‘La Máscara de la Sanidad’, por el doctor Hervey Cleckley. No hay diferencia entre un sociópata y un psicópata, su diferencia radica en la naturaleza del trastorno; ser sociópata se considera una consecuencia del entorno, mientras que la del de psicópata se considera de predisposición genética.

En la gnoseología psiquiátrica actual, los dos términos son recogidos en una sola categoría: “El trastorno de personalidad antisocial”, que se caracteriza por un patrón general de desprecio y violación de los derechos de los demás, que comienza en la infancia o en la adolescencia temprana, y continúa en la vida adulta. Utilizan el encanto o el ingenio para engañar y manipular para su propio beneficio o placer, son insensibles al dolor ajeno, cínicos e irrespetuosos con los demás, no experimentan culpa ni remordimiento, por lo general ocultan sus emociones, posan de empáticos, son extraordinariamente persuasivos, o suelen mostrarse arrogantes, exhibiendo un falso sentido de suficiencia.

La sociopatía (todo se vale), parece ser una patología consustancial a la posmodernidad, profundamente ligada a la cultura, convirtiéndose en modelo de éxito y de poder a imitar, socava las estructuras sociales, devaluando no solo la idea de democracia, sino la de cualquier modelo político que se le anteponga. El poder en su complejidad despierta en el ser humano pasiones que lo ponen en entredicho moral, así como en otros casos provoca estoicismo y altruismo, contradicciones difíciles de comprender. Las luchas por detentarlo sacan lo sociopático. En estos días los colombianos hemos podido apreciar objetivamente una muestra de la opción que se nos ofrece como garantía de transparencia, manchada de las más turbias pulsiones.

*Psiquiatra.

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