Puro invento

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Si Leonardo Da Vinci hubiera vivido en la Colombia actual habría pintado solo un cuadro y el resto del tiempo lo habría perdido en papeleos de RUT y cuentas de cobro. Sus padres lo habrían obligado a estudiar medicina o derecho y sus amigos se burlarían de él a sus espaldas por “andar con ideas raras”.

Para tener éxito en esta marchita realidad de nuestra sociedad no hay cabida para la creatividad. Como el ejemplo hipotético de un Da Vinci ahogado en obstáculos burocráticos, debe haber muchos jóvenes soñadores o románticos en nuestro país.

El mundo real estrella a estos jóvenes de lleno con un muro tapizado de declaraciones de renta y registros catastrales. Los escapismos están mal vistos: la televisión, los videojuegos o los audífonos son considerados medios tecnológicos embrutecedores o, en el mejor de los casos, improductivos.

La verdad es decretada por grandes medios de comunicación, las oportunidades laborales siguen muchas veces intereses acaparados por conglomerados empresariales o políticos rancios, y las opciones de estudio en la academia están rezagadas enseñando las competencias del siglo pasado.

La buena noticia es que el panorama que acabo de pintar está cambiando. En los negocios modernos, hay docenas de ejemplos del valor de salirse del molde. En los 70, muchos criticaban al escritor Stan Lee por andar en las nubes pensando historietas de superhéroes, vistiendo ridículos calzoncillos y capas. La reivindicación de Lee en 2019 (un año después de su deceso a los 96 años), cuando la franquicia cinematográfica derivada del comic que creó, se convirtió en la más taquillera de la historia: Los Vengadores. Otro ejemplo del poder de la imaginación: en los deportes de alto rendimiento los atletas reciben entrenamiento mental en el que realizan ejercicios de visualizarse en la línea de meta como ganadores de la competencia. Soñar despiertos está comprobado que les refuerza circuitos neuronales que los preparan mejor ante las angustias de la alta competición. Los mismos videojuegos no son tan embrutecedores como creemos y, por el contrario, pueden ayudar a desarrollar aprendizaje en ambientes de presión. Así como los niños se vuelven magos con esos controles de ocho o más botones, así más adelante le sacarán jugo a diseñar Apps, manejar drones, o hacer ediciones de videos. Si en su familia hay algún joven que se la pasa haciendo garabatos como los de los Leonardo Da Vinci, no le corte las alas. El día de mañana de pronto lo contratan de diseñador en un laboratorio de Investigación y Desarrollo con el trabajo de imaginarse cosas que no existen pero que potencialmente serán un éxito de ventas.

Las opiniones aquí expresadas no comprometen a la UTB ni a sus directivos.

*Profesor de la Facultad de Economía y Negocios, UTB.

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