¿Qué cambiará en nosotros?

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Ahora que la humanidad se ve congregada a ser un todo, donde las costumbres han cambiado y lo cotidiano rompe paradigmas, ahora que se abraza con el codo y se besa con un arrojo hacia alguna parte, ahora... ¿Qué seremos? ¿Acaso la tierra habrá cambiado después de este confinamiento? Ella, paradójicamente está contenta, siente que vuelve a respirar, degusta otro aire, otro aroma, otro canto, ve de un lado a otro las aves merodeando el firmamento y las aguas que han vuelto a ser cristalinas en los mares, disfrutan de los peces cuando empiezan a hacer piruetas en el aire. ¿Qué haremos después de que todo esto pase? Incumplir acaso, las promesas que nos hacemos en un 31 de diciembre donde estamos convencidos de que dejaremos de fumar, de embriagarnos hasta el anochecer, de ser fiel a los principios y los sentimientos, de acabar con la doble moral, de olvidarme del prójimo, de sentir que el ego se engorda sin mirar a los lados, de empezar una dieta para quitarme unos kilos y formar parte de lo que la sociedad me exige para encajar dentro de sus lineamientos sin tener en cuenta que lo que más importa es la salud física y mental? Qué cambiará en nosotros, en nuestros pensamientos, en nuestros hechos. Todos hablan ahora de la libertad y el misterio, encerrados coartados ante la incógnita de esta crisis que jamás se esperó que le diera la vuelta al mundo y nos sacudiera el hombro abruptamente para estremecernos hasta el punto de dejarnos desnudos y hambrientos a pesar del closet lleno de ropa, de la alacena surtida y de innumerables metas por alcanzar. Qué cambiará... ¿Una sociedad más equilibrada y equitativa? ¿Enriquecimientos lícitos a punta de trabajo y esfuerzos con miramiento hacia los más necesitados? “Es como decir que todos los hombres tienen los mismos derechos cuando tienen los mismos derechos. Lo que es una hermosa tautología”, decía Sábato a Borges mientras conversaban en su encuentro personal. Este bichito invisible nos ha sacudido, nos está haciendo un llamado a todos sin excepción para que cuando salgamos de esta, los gobernantes, los empresarios, los gremios y cada persona considerada individualmente, entendamos de una vez, que este enredo y la poca solvencia para afrontar la crisis se debe a la desigualdad desmesurada de las cargas y beneficios. Unos mucho, otros nada, unos nadan, otros se ahogan. Las cosas tienen que cambiar radicalmente y no esperar a que nos asuste la muerte en masa, para proporcionar a nuestros hermanos una vida digna y saber que de nada valen las riquezas si no las comparto. ¿Qué ha cambiado en ti hasta la fecha? Florece, sé oasis para otros.

*Escritora

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