Columna


¿Quién sube los precios?

MAURICIO CABRERA GALVIS

25 de febrero de 2024 12:00 AM

¡Toda inflación es de vendedores! No es esta una afirmación para terciar en la polémica reciente sobre el papel de las utilidades empresariales en la inflación, sino una simple constatación empírica del proceso como se fijan los precios de la mayoría de los bienes y servicios.

Unos cuantos ejemplos para comprobar que son los vendedores quienes suben los precios, con la salvedad de que también es cierto que son los vendedores quienes bajan los precios.

Un ejemplo sencillo. El campesino que va con su camioncito cargado de bultos de papa caucana a la central de abastos de Cavasa, preocupado porque su vecino le dijo que el día anterior la habían pagado a $50.000 el bulto. Sin embargo, en el radio oye la noticia de que después que él pasó por Caloto hubo un bloqueo en la Vía Panamericana y no dejaron pasar más camiones.

Cuando nuestro campesino llega a Cavasa, ve que son muy pocos los vendedores de papa y muchos los que quieren comprar, de manera que ya están ofreciendo a $60.000 por el bulto. El ve su oportunidad y decide que solo la va a vender a $70.000; lo logra y a diferencia del jibarito de borinquen, vuelve loco de contento a su hogar que es toda su ilusión. Había más demanda que oferta, pero la decisión de subir el precio la tomó el vendedor.

Otro vendedor de mayor tamaño, el gerente de una empresa avícola a la que le avisan que los futuros precios del maíz se dispararon por una guerra en el Viejo Mundo y consulta a su junta directiva qué debe hacer con los precios de los pollos y los huevos. Unos le dicen que como tiene inventarios de maíz comprados a precios bajos, puede esperar a que lleguen los nuevos embarques para subir los precios, pero la mayoría decide aprovechar la oportunidad y subirlos inmediatamente, porque se sabe que los competidores lo van a hacer. Hay un incremento del costo de las materias primas, pero la decisión de subir el precio la tomó el vendedor y el gerente se ganó una bonificación por aumentar las utilidades.

A veces no es una decisión de personas, sino de algoritmos, como es el caso de los tiquetes aéreos. El precio base de un tiquete Cali - Cartagena puede ser $150.000, pero las aerolíneas tienen sofisticados algoritmos para predecir, con base en las ventas y las consultas en sus páginas web, cuando la demanda va a ser mayor que las sillas disponibles, y duplican o triplican los precios. Es un robot el que sube los precios, pero fue programado por los vendedores que tomaron la decisión de hacerlo así.

Acá no hay juicios morales. Estos vendedores no suben los precios porque sean perversos, así como los trabajadores tampoco son malos cuando presionan por el alza de sus salarios. Todos son agentes que se comportan de acuerdo a las reglas de un sistema económico que requiere de un Estado eficiente para corregir sus excesos.

*Economista.

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