¿Quién vigila a la Escuela?

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La Escuela Taller Cartagena de Indias, responsable del mantenimiento de las fortificaciones de Cartagena por voluntad del Ministerio de Cultura, ha pintado de blanco el Hospital de Tropa del Castillo de San Felipe, esa construcción con techo de tejas que se ve desde la avenida Pedro de Heredia y sitios aledaños. Tal vez los responsables de esa decisión ignoren que hace cuatro años la restauradora Rosa Martínez encontró en la cornisa de esa obra, vestigios del recubrimiento original que se hacía antiguamente aplicando resinas naturales en los pañetes húmedos, en especial en los de las fortificaciones, para protegerlos del clima por su acción impermeabilizante.

Los ingenieros militares de entonces utilizaban una resina vegetal llamada gutagamba, que llegaba a América desde el sudeste asiático en el Galeón de Manila. Era amarilla y al revolverla con cal y aplicarla al fresco sobre los pañetes les daba esa tonalidad que aún conservan las escarpas sobre la laguna de San Lázaro.

Ahora, en Cartagena se reemplaza la gutagamba por la resina extraída de la corteza del árbol de guásimo, mezclada con cal y polvo mineral para obtener el color amarillo. Se aplica con llana metálica y se obtienen idénticos resultados. Fue lo que hizo Rosa al encontrar el vestigio de la vieja gutagamba, que hasta la intervención de la Escuela se encontraba en perfecto estado.

Esto, en apariencia trivial, en realidad no lo es. A Juan Manuel Zapatero, conocido restaurador, le oí decir que a las fortificaciones les aplicaban ese color para ser vistas desde lejos y disuadir así a piratas y corsarios de sus intenciones malévolas. También se valían del falso despiece, esto es, la representación de sillares pintados al fresco sobre los fuertes para engañar a los atacantes haciéndolos creer que los muros de ladrillos eran de piedra y por tanto más resistentes.

Nuestras murallas son piezas únicas del arte de fortificar y por eso hay que intervenirlas con respeto. El resane de las juntas de los sillares o emboquillado que está realizando la Escuela Taller en las escarpas del baluarte Santo Domingo y cortinas aledañas, es de pésima calidad. La aplicación del mortero de pega es burda y afea esos lienzos de muralla. Los faltantes de piedra hay que calzarlos con el mismo material pétreo a manera de injertos, no con mortero de cal como lo están haciendo. El ingeniero Jorge Rocha elaboró por encargo de la Sociedad de Mejoras Públicas un manual muy útil para reparar las murallas. Convendría que lo revisaran, porque al paso que van tendrán que repellar todas las escarpas.

Ante estos y otros desafueros cometidos contra nuestras fortificaciones por entidades nacionales y distritales, cabe preguntar: ¿quién vigila a la Escuela Taller?
*Arquitecto Restaurador

albertosamudio45@gmail.com
 

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