Rajados en educación

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En el marco de la “Cumbre Caribe por la inclusión y la transformación” que se llevó a cabo en la Universidad del Norte, su rector, Adolfo Meisel, nos expuso una serie de gráficas y estadísticas que revelaban, que en educación, la Costa estaba por debajo del promedio nacional; pero aún más, acotaba Meisel, que de todas las ciudades de Colombia, Cartagena era la peor ubicada. Y con sobrada indignación agregaba: “Cartagena, una ciudad tan privilegiada; auge turístico, auge portuario, mayor inversión industrial en la historia de Colombia... y va para atrás”.

La verdad, no sabía de cifras, pero el resultado se nota a leguas; y además es alarmante.

Por eso la educación debe ser una preocupación pública, debe importarnos a todos, porque si la sociedad no está educada, lo pagaremos todos. Savater dice que hay que educar en defensa propia, porque a mí me debe interesar que los hijos de los demás estén educados, porque yo voy a convivir con ellos y ellos van a tomar decisiones que van a influir en mi vida; además que en una democracia todos somos susceptibles de ser gobernantes o de elegir a esos gobernantes.

Como sociedad debemos exigir a nuestros políticos preocupación por la educación, porque es muy difícil que un político piense las cosas en el tiempo educativo, porque este es un tiempo a largo plazo, y ningún político piensa a largo plazo, sino en las cosas inmediatas, en lo palpable, en la obra, en el cemento... por eso tenemos que decirles: “Ustedes van y vienen, pero nosotros permanecemos en la sociedad y necesitamos que la educación esté garantizada al máximo nivel”. No que exista una educación cinco estrellas para unos, y para otros una especie fast food en educación (donde se les enseñe a no morder y a obedecer), porque quienes más necesitan el apoyo social son esas personas que por circunstancias adversas, no se la pueden costear por sí mismos. Y esto es primordial en una ciudad con altos niveles de pobreza como Cartagena; porque la educación nos permite luchar contra esa fatalidad de que el hijo del vendedor de tinto siempre tenga que ser vendedor de tinto, de que el hijo del carretillero siempre tenga que ser carretillero... la educación rompe esa fatalidad y hace que los hijos puedan tener una vida mejor, sean más aptos, más libres.

La educación no es un gasto sino una inversión (la más importante) y necesita un presupuesto confortable (que no se roben y que se sepa invertir), como también urge exigirle al Concejo (que tanto le gustan los libros), que adopte el Plan Maestro de Educación 2019-2033, porque necesitamos definir una ruta y blindarla de la voluntad de los políticos de turno.

Los griegos tenían claro que democracia y paideia (educación) iban unidos. No podía haber lo uno sin lo otro; la única forma de que Cartagena progrese, es formando ciudadanos polivalentes capaces de aprender y transformar nuestra realidad social.

*Abogada y analista política.

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