Recordando a un ángel

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El Nene era un niño prodigio hijo de la cocinera de Don Teófilo Barbur. Fue mi socio en Ángeles Somos. Ese día expresaba la generosidad con rosas para las hermosas, no así la tacañería que combatía con dosis de picante ají para las cují. Don Teófilo no era amigo de esa tradición, cerró puertas y ventanas y nos ignoró. El Nene descargó sobre él las coplas más severas que por suerte no entendió.

Desde Villa Susana, Emigdio Morales y Gustavo Martínez venían felices de la Casa Román donde Doña Teresita había rebosado la olla de Kola Román y pan de Cachito. Donde Judith Noguera encontramos cantando extrañas coplas a Kike Segovia y su hermano Junior, pedían a Judith besitos para ellos mismos. Kike no quería otra cosa en aquel tiempo. En la avenida de la Asamblea entramos a casa de las Prisprí, señoras de apellido Schorboth, que se pusieron a hablar en inglés para no darnos nada. Al Nene se le salió el diablo y las llenó de insultos, en respuesta nos soltaron unos perros bravos. Corrimos hasta donde Doña Catica Cavelier, Hernando Lemaitre y sus hijas. Allí sumamos a Roberto Carlos y Manuel Enrique Cavelier previendo encontrar clientela más amable y generosa, pero surgió un nuevo inconveniente: a Roberto Carlos se le salía el gallo cuando cantaba y eso no fue del agrado de Don Luis Carlos de la Espriella, dueño de la Casa Arcadia, quien ordenó a su nieto Jairo Vélez darnos tres centavos y dos bolsitas de harina.

Donde Nemecito Morad estaba Amaury Estor rabioso, le habían robado la olla pero José Ramón Gómez en la Casa Niza le regaló una nueva y Rene, Rafael y María de los Ángeles la llenaron de bollos de mazorca, queso criollo y bocadillos. En Casa Covo, Guiomar y Raquel hicieron coro con nosotros, a Roberto Carlos se le salió el gallo varias veces y esto sedujo tanto a Raquel que le regaló pastillas “Penetro” dizque para darle más sonoridad. Hicimos el balance. Amaury consolaba al Nene que lloraba a moco tendido. En eso salió Don Teófilo riendo y Amaury cantaba con su lengua pegada: no te rías, no te rías, que la mochila está vacía, no te dilates, no te dilates, saca la plata del escaparate. Doña Hortensia regañó a Don Teófilo, quien sacó dos puñados de monedas y propuso comprarnos todo. Manuel Enrique me dijo: “Este turco nos quiere tumbar”. Pero nos dio chocolates importados por su almacén la Casa Blanca. El Nene dejó de llorar y alegre cantó: “¡Esta casa es de arroz, donde vive el niño Dios!”. Él fue el verdadero Ángel aquel día.

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