Región Caribe y PND

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Más acá del aumento de la participación teórica en los presupuestos correspondientes al cuatrienio del presidente Duque, contemplados en el Plan Nacional de Desarrollo, PND, Pacto por Colombia, nada distinto de cuanto conlleva la reproducción de políticas públicas y modelos de gestión agotados en sus ejecutorias y resultados, se alcanza a vislumbrar en este horizonte de perspectivas e imaginarios inciertos que es la Región Caribe.

Igual que ha acontecido con los muchos compromisos que, tanto a nivel central como regional y local, se han propuesto gobiernos y entidades en diferentes estadios de su vida política y administrativa para promover el desarrollo humano y social, económico y cultural de la Región Caribe, más bien son pocos los logros alcanzados.

Ni lucha efectiva contra la corrupción, ni Fondo de Compensación Regional que dé en reducir la pobreza extrema e inequidad prevalecientes, ni fortalecimiento del aparato productivo en sectores competitivos para generar empleo de calidad, se alcanzan a vislumbrar como logros concretos de la Región Caribe años después de haber sido suscritos y asumidos por distintos gobiernos los pactos, compromisos políticas y ejecutorias públicas que darían en su despertar, despegue y consolidación hacia destinos más promisorios.

De cuanto sí hay registros siempre “positivos” es en el crecimiento de la corrupción y, como contrapartida, en el desmedro institucional en controlarla, combatirla eficazmente y reducirla más allá de la verborrea publicitaria de las gabelas y “preacuerdos” de los órganos de control y la justicia con los corruptos.

Que, en vez de premiar con penas irrisorias y la legalización con visos de inmunidad y patente de corso el despojo y apropiación de rentas y presupuestos públicos a sus beneficiarios, promotores y poderosos aliados, cuanto se impone es castigarlos con penas severas, tanto punitivas como sociales privativas de derechos como el de elegir y ser elegidos, nombrar en cargos públicos, ostentar dignidades y representación oficial, expropiarlos e imponerles puniciones económicas en cuantías superiores a lo despojado al Estado.

Algo que no demanda mayores esfuerzos ni legislación extraordinaria ni voto caribe ni RAP, y sí un destello de voluntad política, un impulso de cambio irrefrenable, una visión providencial de nuestros gobernantes, de nuestra clase dirigente, de nuestros líderes en los diferentes sectores de la economía y el empresariado, los trabajadores, la política, la academia, la cultura, la opinión pública, los medios y canales de comunicación, capaz de alterar el statu quo de tan dañino hacer.

En suma, del decidido accionar de la sociedad caribe en su más genuina, colectiva, dinámica, convocante y legítima expresión y representatividad.

*Poeta

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