Columna


Réquiem por Cartagena

Jaime Dávila Pestana Padrón

09 de diciembre de 2023 12:00 AM

El domingo 4 de diciembre fuimos a ver en familia las iluminaciones en el Centro Histórico. Ingresar al parqueadero de La Marina, fue toda una aventura lunar, previo capoteo de los embistes de los carros que hacen el cruce prohibido de la avenida Santander a la Blas de Lezo, frente a los bomberos. Después de entrar por la boca de lobo del paso de ronda militar, atravesando la Plaza de San Pedro, ingresamos por la calle de la Amargura a la Plaza de la Aduana, donde encontramos las luces, que al rompe se ven bonitas, pero va llegando el desencanto al percibir que no hay una decoración equilibrada, armónica, sino desorden, con figuras y adornos mal puestos esperando que las ubiquen en el lugar que se estableció en algún diseño. Es el desorden que se ve en todo el Centro. Acabamos de recorrer, algunas ciudades de la llamada Europa imperial, que ya encendieron su Navidad, al igual que Madrid, y qué diferencia, además de las luces y adornos puestos con estética, hay mercadillos muy bien organizados que hacen parte de la oferta turística y del encanto de la época. Esos arreglos deben atraer turismo, pero pocos, mal organizados, sin atractivo adicional que genere ingresos para nuestra gente, como presentación de coros, de música navideña y vernácula en vivo, además de ferias, no son gancho suficiente. El Centro es un desastre. Yo, siendo turista, no regresaría y recomendaría no venir. ¿Qué le estamos ofreciendo al visitante?, tenderetes invadiendo el espacio público, coches tirados por caballos famélicos, caricatura de los carruajes y caballos de Viena, Sevilla o Nueva York, hordas de prostitutas por todas las calles, desde tempranas horas, circulando o cazando clientes, seguidas de sus guardianes, en calles con restaurantes o bares con precios inalcanzables para el común, pero con cabarets aledaños con las puertas abiertas expeliendo olores de antro; las aceras destrozadas, vías hundidas, sin adoquines, columnas de canastas de cervezas flanqueando ventorrillos con música estridente; olor a berrenchín, a poza séptica, ruinas, basuras y lo peor, el comportamiento acosador de cocheros, músicos callejeros, promotores y vendedores ambulantes. Los cocheros ahora llevan esparrings y nos tocó oír a la señora que acompañaba a uno de ellos gritarle al de adelante que llevaba turistas con niños: “¡Muévete, huevo muerto!”. Cultura popular, dirán algunos, pero no es más que la degradación del comportamiento social del cartagenero.

¡Réquiem por Cartagena! Alcalde Dumek, qué tarea de reconstrucción tiene por delante y si no la acompaña con educación cívica, que permita construir cultura ciudadana, no vamos a ninguna parte.

El corolario fue el pago de $24.000 por el parqueo o más bien por el ‘ride’ de cráteres, con ñapa a la salida.

*Abogado y ejecutivo empresarial.

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