Resiliencia y COVID

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Hace más de 3.000 años muchas civilizaciones mediterráneas padecieron una gran hambruna. Varias tuvieron un lánguido ocaso por no haberse adaptado. Solo hubo una sociedad que se preparó lo suficiente para sobreponerse. Se prepararon y adaptaron tanto que pudieron ayudar con alimentos a sus acérrimos enemigos, los hititas. Aún hoy no está claro cómo hicieron los egipcios para soportar y adaptarse a una sequía tan larga que duró más de los 7 años de vacas flacas que predijo José. Mitos y leyendas egipcios le conferían todo tipo de dones y virtudes. Como el Nilo y el sol nacía, moría y renacía periódicamente. Gigantesca y majestuosa, con un plumaje variopinto entre dorado y carmesí aparecía, con sagrada puntualidad, cada 500 años para trasladar el cadáver de su padre hacia el templo del Sol. Lo anterior es un vulgar resumen del hermoso texto en que Heródoto, hace unos 2.500 años, describió por primera vez al ave fénix. De allí en adelante todas las culturas han reconocido al ave fénix como la viva representación y semblanza de renacimiento, resurrección y como la capacidad de sobreponerse a las peores dificultades. La humanidad, como el ave fénix, ha emergido miles de veces de sus propios escombros, mejor, más fuerte.

Alejandro Jadad, médico colombiano, doctor en filosofía, propuso que la definición de salud era una utopía y como tal era poco operativa al plantear estados de completo bienestar físico, mental y social. Su definición, más holística, supone y espera un papel más dinámico del individuo y la sociedad. Para el la salud es “la capacidad de adaptarse y manejar los desafíos físicos, emocionales y sociales que se presentan durante la vida”. Mucho antes del COVI Jadad proponía generar una pandemia de salud. Esa capacidad del individuo o de una comunidad para sobreponerse a traumas, catástrofes o tragedias es lo que se conoce como resiliencia.

Enfrentados a la pandemia como individuos deberíamos haber adoptado más fácilmente las recomendaciones básicas: lavado de manos, uso permanente de mascarillas, distanciamiento social, aislamiento y cuarentena. Como comunidad debimos concientizarnos que la causa del problema era un virus y no buscar otros culpables. Como Estado debimos habernos preparado mejor, con un sistema de salud adecuado a las necesidades de la población. Como humanidad debimos actuar como un solo cuerpo ante esta amenaza global. Por otro lado, mucho se pensó al principio que la pandemia nos haría cambiar, ser mejores como individuos y como comunidad universal. Por los hechos no parecería que será así. Sin embargo, abrigo la esperanza que la resiliencia nos permita adaptarnos y aceptar que nada será igual que antes y así, como el ave fénix, resurgir más fuertes, mejores. Ya lo decía Viktor Frankl: “El hombre que se levanta es aún más fuerte que el que no ha caído”.

*Profesor Universidad de Cartagena.

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