Resistir

ENVIAR PÁGINA POR CORREO

El golpe te saca la mandíbula de sitio. La cabeza te vibra como si te la hubieran metido en una campana y la hubieran tirado contigo dentro colina abajo. Crees que vas a caer. Tiemblas. Tropiezas. Retrocedes dos pasos y estiras las manos hacia adelante seguro que te derrumbas; pero no lo haces. Algo dentro de ti te sostiene. No sabes qué es. Escuchas voces a lo lejos. No entiendes lo que te dicen. Alzas la mirada. Miras al frente. Y lo ves frente a ti. Te ha golpeado duro. Te contempla con los puños alzados. Esperando que termines de incorporarte para volver a golpearte. Las voces te animan. Te dicen no te rindas. Resiste. Aguanta.

La enfermedad. El virus. El monstruo que golpea fuerte. Jamás creíste que lo hiciera tanto. Tú, como tantos otros, no te lo tomaste en serio. Te burlaste de él. Vendrá y se irá, dijiste. Bromeaste sobre sus peligros. Y ahora sientes el sabor de la sangre. La tuya. Se desliza fuera de tu boca. Ahora sabes que te equivocaste. Miras a tu alrededor y ves a los que ya cayeron. Los que fueron tumbados. Aquellos que no tuvieron cuidados o sí los tuvieron, pero no fue suficiente. Los que perdieron sus trabajos. Los que temen ante un futuro incierto y atemorizante. Los que, como tú, jamás imaginaron que un monstruo invisible les encerraría en sus casas o en la tumba por siempre.

Aprietas los dientes. Das un paso al frente. No vas a rendirte. Las voces son de los tuyos. Los que te quieren. A los que te debes. A los que no vas a defraudar. Cierras con fuerza los puños. Escupes el caldo rojo que mancha tu lengua. Adelante. Si te golpean, golpearás. Si te hieren, herirás. Si quieren matarte, resistirás. Porque eres un hombre. Eres un maldito ser humano y aun nadie nos ha derrotado. Mírale fijamente. El monstruo depende de ti. De tus errores. De tu debilidad. No peleas contra él. Peleas contra ti mismo. Así que avanza. Avanza y atraviésalo a golpes. Tíralo al suelo. Noquealo y cuando se arrastre derrotado grítale que no se levante, que no se atreva a levantarse.

Golpe. Su rostro sangra como el tuyo. Golpe. Su mirada se crispa como la tuya. Golpe, golpe, golpe. Mantente firme sobre las piernas. Guarda la distancia. Dale con todo, muchacho, el monstruo no sabía con quien se la jugaba. Te devuelve los impactos uno por uno. Los sientes lloviendo sobre ti. De abajo a arriba y tu cabeza vuela atrás llevándose tu cuerpo con él. Besas el suelo. ¡Levántate! Lo haces. Caer está permitido. Levantarse es obligatorio. Te lanzas sobre el monstruo. Le castigas el costado. Le das con todo lo que tienes. Izquierda, izquierda, derecha. Le haces caer a él también. Te pasas la mano por la cara quitándote el sudor. El monstruo sigue ahí. Respiras hondo. No se irá con un par de golpes. Miras a tu esquina. Ves a los que amas sufriendo contigo, peleando contigo, aguantando contigo. Bueno, que no se vaya. Tú tampoco te irás. Resistirás. Esta pelea la vas a ganar. ¡Adelante!

TEMAS

Ahora te puedes comunicar con El Universal a través de Whatsapp

  • Videos
  • Mensajes
  • Fotos
  • Notas de voz

cuando seas testigo de algún hecho noticioso, envíalo al: 321 - 5255724. No recibimos llamadas.

LEA MÁS SOBRE Columna

DE INTERÉS