Columna


Rodrigo Valdés

ALCIDES ARRIETA MEZA

17 de marzo de 2017 12:00 AM

Ha  partido  Rodrigo Valdez, la casa del cielo, tiene un  agradable huésped, conocido como el  padre  de la decencia y la humildad,  el mismo de la fraternal  sonrisa, ejemplo de vida,  que  encontró en ese  cruel y complicado deporte una manera  de vencer las injusticias  sociales  y  la  pobreza, ejemplo de grandeza y vencedor  de las  adversidades.

Rodrigo  Valdés,  al igual que  muchos  de  nuestros  deportistas,  fue  hijo  de  la marginalidad y  la exclusión, pero ello,  no fue óbice,  para vencer las hostilidades   de la vida,  consecuencia  de   una  hipócrita  dirigencia  deportiva,   que muchas  veces, solo  hacen turismo y negocios  con el sacrificio  de nuestros héroes,  sin tener autoridad  moral  para  reclamar  como suyos,  las gestas  de  nuestros  atletas.


Rodrigo, fue invisivilizado  por las  consecuencias  de  una  sociedad, que  aísla, destruye, humilla a los  humildes,  esa  es la regla, que Valdés  devastó,  con  su  ímpetu y  exquisito  boxeo. En cada  jab,  sabía que  estaba  el  presente   y futuro  de  su familia.  Esquivaba los golpes  de sus  adversarios, que podían ser  más fuertes,  de  los que le  producía  la vida.

Valdés,  pudo hacerlo, quiso  DIOS, que  estuviera  acompañado  de  un  hombre lleno de sabiduría  y  grandeza, Melanio  Porto  Ariza,  y  de  la mano  de un  puñado  de  entrenadores  criollos,  sabedores, como  los  que  más  de uno  de  las  actividades  deportivas  más  duras  y peligrosas  que  existen.

Hoy  en su  partida, como  en sus emocionantes  victorias,  es posible  que   aparezcan  una  vez  más, el cinismo oficial,  estos  hacen  show  con  la  vida  y con la muerte  de nuestros  deportistas. Ellos, se suben   al podio,  sonríen  al lado de  nuestros  campeones  mundiales,  aquellos  que siempre  desconocieron. Fariseos.

El  deporte  en general  se ha convertido  en un  codiciado botín, fuente  de  enriquecimiento  de  los  dueños   de parte  del Estado  colombiano, que  encuentran  en cada  escenario   y  justas  deportivas   una  manera  de  enriquecerse,  a costas  del  esfuerzo  de  nuestros  héroes   y heroínas.

Lo  dicho  tiene  antecedentes, aconteció  en los  pasados juegos  deportivos  nacionales. El pueblo  se divertía,  porque  el deporte  es  sana recreación  y salud  para  la  sociedad,  pero  otros  hacían fiesta    y negociados.

El deporte es  una  actividad  que  les produce miles  de millones  de  pesos,    a los burócratas  de  los  cuellos blancos,  estos   que  jamás  hayan   desarrollado ninguna actividad  físico  atlética, ni derramado   una gota  de  sudor,  ellos,  juegan  solos  a  ser  ricos, mientras  nuestros   atletas,  sufren  para  lograr  ser  triunfadores.

En efecto  en  Ibagué, fue capturado  el  jefe de proyectos   de una  empresa  que habría  participado  en  la  manipulación y direccionamiento de  varias   licitaciones, por  cuanto  elaboró  los  estudios  y diseños  de 15  escenarios  deportivos   de los  juegos  nacionales,  contrataciones  que  generaron un  conjunto  de  obras  inconclusas   y apropiaciones  de miles  de millones  de  pesos. 

Adenda.  Que viva  el  béisbol,  felicitaciones a los  jugadores,  directivos  y  entrenadores  de  la  selección  Colombia, por  la  destacada   actuación  en el clásico mundial  de béisbol.
 

  NOTICIAS RECOMENDADAS