Sícalo: del plomo a la luz

27 de abril de 2010 12:00 AM

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Lo que nos faltaba, pues…; Ahora resulta que algunos oficios que retratan la vida cotidiana de Cartagena, están a punto de desaparecer. Ahora resulta que el amigo Sícalo, el tipógrafo por excelencia, de la Calle de Don Sancho, ha cometido la herejía de contarnos que ya no cree en el placer de leer en libros de papel y tinta, sino en los libros electrónicos que en este momento arrasan con la razón de ser del oficio. Aquellas tertulias en “La Eternidad” (nombre con el cual se conocía a la Editora Bolívar), están al borde de disolverse entre las montañas de celulares, ipods, Bblackberries, diminutos computadores portátiles y toda la futurología de la tecnología moderna. Así que ya Sícalo no habla inspirado, con los ojos cerrados cada vez que cuenta una historia hiperbólica…;Sícalo ahora habla “paja electrónica”. En su familia de editores, todos eran dactilógrafos, diseñadores, supervisores del manejo artesanal de cada libro o cartilla que circulaba entre sus manos. Eran grandes conversadores. Sícalo fue cofundador de “La Caterva”, un movimiento literario con revista propia, donde se recogían los trabajos de los poetas y del movimiento cultural de la Cartagena de fin de siglo. Con un aire de ironía, Sícalo decía que en la Editora de La Eternidad, solían demorarse porque toda la familia le metía mano a los trabajos. Entre todos hacían la encuadernación, la corrección de pruebas, la empastada. La carátula, la solapa y la contraportada, empero, eran diseñadas por él. Su laboratorio de fotografías, el más desordenado que conozco, está lleno de joyas verdaderas de la Cartagena nocturna, de amaneceres y ocasos de naranja, de poetas en las plazas. Su obra poética oscila entre “Plátano en Tentación” (llevada luego al teatro), y el “Papel ordinario”. Este último está diseñado en papel ecológico y tiene ilustraciones de nuestros sitios de encuentro. De aquellos encuentros que están a punto de desaparecer por los invasores que acabaron con las mariapalitos en la puerta de la casa, y la carreta que emanaba de los cuenteros de oficio. Pero es loable que ahora Sícalo no se pierda de las tertulias organizadas por la Alcaldía mayor, en las murallas, en los bares y en las plazas, donde solemos encontrarlo esperando “a una viuda con bastante plata”, que rompa con su vida cotidiana apacible. La última vez que lo vi, Sícalo andaba sentado en un café de la Plaza de Santo Domingo. Allí me confesó que era más cómodo leer en los pequeños computadores portátiles. Si eso lo dice un librero, habrá que dejar el romanticismo a un lado y comprender que ahora los escritores van a “democratizar” aún más sus textos. Ahora llegarán a más lectores y los canales de distribución de sus obras serán más amplios. De la última cosecha de Sícalo, el escritor, extraje estos versos de su trabajo: “Riesgos de Enamorarse de un Poeta”, en el cual se retrata mientras saborea un tinto: “Los poetas, no embolan los zapatos. Todavía usan medias. Saben muchas cosas inútiles. A veces se ponen latosos. Guardan mucho papelito. Se la pasan escribiendo carajadas.” Pero los poetas, como los editores, están ya en el libro del olvido. Son anacrónicamente fieles, y se quedaron en Los Beatles y los Rolling Stones. Están pasados de moda…; Aunque en esta ciudad melancólica, los necesitemos tanto. *Directora de Comunicación Social de Unicartagena saramarcelabozzi@hotmail.com

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