Columna


Simón & Simón y ‘El Mono’ Escobar

HENRY VERGARA SAGBINI

HENRY VERGARA SAGBINI

03 de agosto de 2020 12:00 AM

Antonio ‘El Mono’ Escobar es de hablar superlativo. Este engendro de Vikingo criollo, nacido en Calamar, le pone tanto énfasis a cada palabra que, al final de la conversación, queda exhausto como después de una prueba de esfuerzo.

Su rostro, al que no le cabe una peca más, inspiró a Joaquín Lucio Fonseca y Castro, peluquero insigne de Calamar, graduado en la Academia del Barbero de Sevilla, a bautizarlo, para siempre, ‘Estornudo de chocolate’.

‘El Mono’ es mucho más que arte y Festival de Música del Caribe: doctor en Derecho, sumamente culto, preocupado por los problemas sociales que estrangulan nuestra desequilibrada sociedad, solo resueltos a través de una educación de calidad untada de calidez y acude a Simón & Simón para remachar sus argumentos, hablando de ellos con tantos detalles, que cualquiera diría “fueron sus vecinos”.

El uno, Simón Narciso de Jesús Rodríguez, caraqueño, filósofo, ensayista, brillantísimo educador, artesano del carácter de su avezado alumno, el otro Simón, El Libertador de cinco naciones, líder político inigualable: Simón José Antonio de la Santísima Trinidad Bolívar Palacio Ponte Blanco.

Y es que el maestro-tutor de Bolívar fue un visionario: sus métodos pedagógicos, aún vigentes, desarrollan en los alumnos habilidades investigativas, integrativas, productivas, éticas, transformándolos en seres autónomos y dignos, alejados de la mendicidad, aferrados a sus raíces, al liderazgo auténtico, fomentando la solidaridad con los humildes.

Sus enseñanzas, inspiradas en ‘Emilio’, de Jean Jacques Rousseau, se expandieron por el continente americano, en plena ebullición emancipadora, pregonando respeto al valor supremo de la libertad.

Simón Rodríguez –testifica mi paisano– aprendió de Merlín la magia trasformadora presente en todos los maestros de verdad. Su espíritu generoso, renovador, incluyente, la Escuela Taller, de gran exigencia académica, capacitación complementaria a los docentes, conserva plena vigencia.

Para nuestro infortunio, aún insisten en la repetición de la repetidera, no en la creatividad, la autoformación y el liderazgo. ¡Ojalá pudiéramos traer de vuelta a Simón Rodríguez y nombrarlo Ministro de Educación!, y ‘El Mono’, como tantas veces, implora un milagro imposible de cumplir.

Claro está, el maestro de Bolívar, tildado de ‘loco’, sufrió el destierro, pero murió de viejo. Hoy las cosas empeoraron.

Y baja la voz a los decibeles permitidos en el confesionario del padre Jorge Pérez, en Calamar: -Ahora, quien siembra semillas de justicia, se arriesga a que con él afinen puntería aquellos que practican el tenebroso deporte de ‘tiro al líder social’.

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