Columna


Simulacros

LIDIA CORCIONE CRESCINI

LIDIA CORCIONE CRESCINI

15 de septiembre de 2020 12:00 AM

“Somos una familia rara. En este país donde las cosas se hacen por obligación o fanfarronería, nos gustan las ocupaciones libres, las tareas porque sí, los simulacros que no sirven para nada” (Julio Cortázar). Y sentí miedo, repugnancia y tristeza, la represión de todos al estar guardados por tanto tiempo, en vez de limpiar el horizonte, avivó el león dormido que muchos guardan en su interior y apenas hubo oportunidad de salir a la calle, no faltó el chachito que sacara pecho para volcar su salvajismo contra otro. Nada justifica la violencia, es un tema que hemos venido tratando a través de los siglos y siglos; sin embargo, en estos días, mientras hacía una capacitación virtual a unos jóvenes, me comentaron que estaban muy tristes porque habían perdido a uno de sus compañeros por violencia intrafamiliar. Al siguiente día las noticias mostraban la agresión y paliza que los uniformados poseídos por el bicho de autoridad, por excesos acabaron con el deceso de un civil; inmediatamente la turba, aclamando “justicia”, empezaron a botar fuego por la boca y a destruir todo lo que a su paso se atravesara, quema de buses, vidrios rotos, robos, violencia, más violencia y desenlaces fatales. Y sigo pensando si eso de la cuarentena ¿fue un simulacro o una fanfarronada? Tanto cuidarnos, tanto resguardarnos, tanto desempleo, economía en quiebra, guardar distancia... ¿Para qué? Somos muchos y no somos todos, puede que eso sea cierto y que por unos cuantos no podemos generalizar, sin embargo, el resentimiento, las malas prácticas y las salvajadas nos hacen repensar en los cambios, en reformas, en nuevas medidas. Desde que estudiaba Derecho y de eso hace 45 años, veía a diario cómo se iba ajustando la norma cuando había vacíos. Hoy estamos en peores condiciones, hay más normas de lo que nos imaginamos y la mayoría no alcanza para nada, prueba de ello el ramillete de infractores pavoneándose por las calles porque su caso alcanzó el premio de la justicia ‘vencimiento de términos’. No estoy de acuerdo con los actos de los agentes, mucho menos con los vándalos. Hay mucho oscurantismo detrás de estos actos, duele ver cómo la juventud, quienes podrían cambiar las leyes, quienes podrían contribuir a los cambios, se lanza a las calles a destruirlo todo, en son de ¿protesta? Yo trabajo y como tal debo pagar impuestos y cuando veo destrucción digo, si fueran más conscientes no destruirían las cosas, porque todas las reparaciones salen de nuestro bolsillo. Acabar con lo material en son de protesta no soluciona, todo lo contrario, disminuye los presupuestos y la inversión es rastrera. Deberían existir otros métodos civilizados y aunque no funcionen de inmediato, lo pacífico trae mejores consecuencias que la violencia.

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