SIR Jairo

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Ha regresado un ángel a la eternidad, al lugar de donde vino, a formar parte para siempre de las huestes del cielo.

Con el fallecimiento de Jairo Vélez De La Espriella desaparece el último caballero que quedaba del verdadero ser cartagenero, un cartagenero a carta cabal, como los de antes, como los abuelos que se extinguieron cual los últimos dinosaurios de la decencia y donosura. Los caballeros como Jairo fueron desapareciendo poco a poco por aquellas cosas de la modernidad y sus complejidades. Si Jairo hubiese nacido en Inglaterra estoy seguro sería un Lord de la Corona.

Con su partida al insondable misterio de la vida eterna, desaparece para siempre el último espécimen del caballero cartagenero por antonomasia. La última vez que hablé con Jairo, fue el pasado 11 de diciembre para ratificarle mis oraciones y la de Eugenia en su pronta mejoría, y para manifestarle nuestro deseo de una bella navidad junto a los suyos. Y a pesar de la distancia de los aparatos de comunicación sentí la decencia y el donaire de su alegría; pero Dios quiso llevárselo para tener el privilegio de su noble compañía, y nos ha dejado un dolor inmenso que tardará años en desaparecer. Todavía Miguel Méndez Martínez, su amigo querido, lo llora y yo lloro al ver llorar a Miguel.

La asistencia a sus honras fúnebres fue numerosa expresión del inmenso cariño que le profesábamos. La capilla donde lo velaban sus familiares y amigos necesitó de una enorme Catedral para albergar el dolor que todos sentíamos. Esa tarde lúgubre, la Avenida Almirante Brion del barrio El Laguito colapsó por el tráfico vehicular de sus amigos, llegando a despedirlo en la partida a su última morada; el reino de los cielos.

Jairo era la virtud encarnada, nadie nunca me hizo sentir tan importante como cuando hablaba con él. Fue un hombre lleno de dones, reunía todos los atributos del auténtico hombre cartagenero por excelencia; buen amigo, alegre sin ser bullicioso, decente, honesto, amable, educado, simpático, prudente, moderado. Poseyendo además la enorme y respetable cualidad que todo lo que tocaba lo volvía oro. Demostrando sin pretenderlo y con creces, sus eficientes ejecutorias como gran empresario que fue. Por algo fue el gerente de la empresa más vieja que tiene la nación, Harina 3 Castillos. La impulsó notablemente como todo lo que emprendía, con sus acertados procederes.

Jairo debería convertirse en el paradigma del ser cartagenero, su legado personal debe servir de ejemplo ciudadano en los colegios cartageneros.

A Mercelena, su querida esposa; hijos, nietos, a sus hermanos, primos, amigos, nos queda el consuelo de su memoria alegre y de su estirpe que crecerá como crece la prole de los hombres buenos, y el parque verde cerca a nuestra casa, por donde a diario deambuló, y del cual el veló con bondadoso celo, llevará para siempre su nombre.

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