Sitiados

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Quienes vieron Juego de Tronos, la serie de HBO más galardonada en la historia de la TV, recuerdan la enorme tensión de su antepenúltimo capítulo, cuando era inminente la llegada de los Muertos Vivientes, a quienes no se podía matar porque ya estaban muertos.

Los habitantes de la ciudad medieval hacían vigilia en el silencio espeso que antecede al final de los condenados.

Aquello es ficción, dramática, pero ficción.

Algo parecido a lo que sufrieron, sintieron y padecieron los cartageneros en los días previos al asalto de las tropas del español Pablo Morillo en 1815. Fueron 105 días de Sitio, en los que Cartagena se inmoló perdiendo la tercera parte de su población.

Días lúgubres, noches eternas, esperando lo peor. No fue ficción, sino una dolorosa e histórica realidad.

Como aquel, muchos otros asedios sufrió Cartagena.

Hoy contemplamos los miradores como un coqueto remate en lo alto de las grandes casonas del Centro Histórico. No tenían un fin ornamental, sino el lugar donde los habitantes de esta ciudad se asomaban para otear el horizonte y ver si llegaba... la Flota de Galeones... ¡o los piratas!

Con frecuencia la paz de los largos días de la villa colonial se quebraban con el alarido de un sirviente anunciando barcos piratas. Seguía la angustiosa espera, correr a esconder los collares, vajillas y pequeños tesoros familiares.

Francis Drake atacó y se tomó Cartagena en 1586, saqueó la ciudad quemando 200 casas, hordas de frenéticos piratas robaron y violaron y, finalmente, luego de arrancar las campanas de los templos, se fue, dejando a la ciudad en ruinas y desmoralizada.

Así se sucedieron asaltos y sitios, más de 15.

Hoy, en la era moderna, no los hay tantos, aunque están en boga otros, que sitian a la población, la amedrentan y buscan arrodillar a los gobiernos, en forma de paros y protestas, escudados en leyes y normas que la izquierda ha colado en sucesivas reformas constitucionales, con el fin de quitarle dientes a la democracia y debilitar la respuesta de las autoridades.

Antes que llegara el 21 de noviembre los colombianos comenzamos a sentirnos como los habitantes de aquella Cartagena vieja u otras ciudades de ficción, que esperan las lentas horas previas al asalto y la disolución.

En las series televisadas siempre surgen héroes que sin fatiga terminan conduciendo a sus pueblos a la victoria, aún en medio de la ruina. En la vida real, los Blas de Lezo, Almirante Padilla y bolívares, surgen a la hora suprema para desatar las cadenas del opresor.

Ante la amenaza de saqueos, incendios y agresión a la fuerza pública que algunos tienen como objetivo para el 21 de noviembre, todo ello orquestado por los piratas de la democracia... ¿quién podrá defenderos?

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